Uno de esos serranos bajado de Ancash a Chimbote, como los de la ultima novela de Arguedas, vio junto a su generacion la reconfiguracion de la sociedad peruana, vio el paso del siglo y el advenimiento del nuevo. En una sola vida comtemplo una sociedad practicamente feudal, luego un gobierno revolucionario pero digitado desde fuera, vio una democracia endeble y posteriormente una chanfainita, es decir una dictadura, disfrazada de democracia abanderada del neoliberalismo como corriente latinoamericana, la electronica y las computadoras. En el transcurso, ese hombre serrucho, casi analfabeto por no decir totalmente, marginado, uno de esos peruanos que no lo son en el fondo, hizo lo que pudo para educar a sus hijos y mas alla de toda expectativa, de lo imaginable, uno de su prole llego a ser presidente de un pais que casi no es el nuestro por no decir que no lo es del todo.
Y ello casi apenas luego que terminara (solo en la retorica) esa etapa del pais que muy a lo huachafo los historiadores han llamado la republica aristocratica. Contra todo sentido de una coherencia historica, un serrano de rostro indigena engendro un presidente, y a ese presidente se le llamo outsider, y sigue alli de piñata.
Ese señor acaba de fallecer a los 94 años. No es exagerado decir que es el tipo de peruano que es imprescindible.
Mi sentido pesame al Presidente de la Republica
Gonzalo Valderrama