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AUTOSCOPIA

MAÑANA NO HABRA CUCULIES

MAÑANA NO HABRA CUCULIES


por Roxana Ghiglino Gonzáles

Desde el día de la masacre Gabriel no dejó de soñar que perseguía un ojo sanguinolento que escapaba de sus manos volando hasta el infinito. Aún recuerdo el corral embarrado con cuerpos torturados de cuculíes y la pestilencia de su sangre púrpura empapando de lágrimas mis noches lejanas.

Huambo no sería el mismo desde aquel día en que inexplicablemente la hallamos junto a los animales, habían cientos de cuculíes que picoteaban sus piojos y adornaban su cabeza con excremento. Pensamos primero que era un árbol, pero al apartar las aves notamos a la niña como de 12 años que dormía de pie con las manos extendidas. Mis padres la dejaron en el corral para quedarnos con las cuculíes, nadie le puso nombre y siempre fue “la wambra”.

La desgracia ocurrió un martes, amanecía y toda la casa oyó gritos siniestros provenientes del patio, corrimos desesperadamente y encontramos a Gabriel, el mayor de seis hermanos, revolcándose en el piso mientras las cuculíes le arrancaban los cabellos, mis padres pidieron auxilio y rápidamente la casa se llenó de gente con cuchillos o piedras para destripar a cuanta cuculí se encontrara en el camino.

En el fragor de la batalla nadie reparo en la wambra, excepto yo que la encontré tirada en un rincón, llevaba el vestido destrozado dejando al descubierto sus pezoncitos y su sexo colorado ...entonces entendí todo. Hace un mes, Gabriel se había llevado a la loquita del pueblo a un riachuelo, ahí la desnudo sin clemencia y la desfloró violentamente, mientras le gritaba al oído: loca y puta.

En el pueblo nadie le creyó a Romina, pensaron que era una invención de su mente perturbada. Desde entonces viendo a la loquita enloquecer más, deteste a mi hermano y el día de la fatalidad, Gabriel regresaba borracho de la fiesta en honor a la mamacha del pueblo y quiso aprovechar la eterna somnolencia de la wambra.

Al finalizar la carnicería descubrimos horrorizados que Gabriel estaba tuerto, una cuculí le había reventado el ojo izquierdo, entonces, la injusta decisión de arrojar a la niña al abismo fue unánime. Mi llanto no contaba para los mayores, papá me dio una cachetada atroz y asistí en silencio con todo el pueblo hasta el cerro donde dos indios fornidos alzaban a la wambra por los aires y la arrojaban hacia donde yo no podía alcanzarla.

La observé caer lentamente como una retama, como si fuese un sueño imposible, como si nada en el universo existiera. Creí que me moriría de pena cuando aquello sucedió: una nube de cuculíes en el cielo infinito de Huambo, un poema de plumas que se la llevo eternamente con los astros y yo nunca volví a encontrarla, simplemente el tiempo y la gente hicieron de la wambra y sus cuculíes una leyenda y yo la dejé en aquel lugar donde un niño abandona sus recuerdos.

FIN

Vocabulario:

Wambra: niño(a).
Huambo: centro poblado cercano a Recuay.
Cuculí: tipo de ave.
Mamacha: santidad de un pueblo.


GANADORA DEL I PUESTO DEL II CONCURSO DE CUENTO BREVE CONVOCADO POR VASOS COMUNICANTES.

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