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CUENTOS PRESENTADOS PARA EL CONCURSO DE RELATO BREVE EN HUARAZ

CUENTOS PRESENTADOS PARA EL CONCURSO DE RELATO BREVE EN HUARAZ

Relato breve 2006


LA JOVEN Y LA FLOR


Qué lleva a una mujer joven y hermosa, a destruir una flor ante los ojos de los demás. O frente a mí que parezco el blanco de su acto, porque soy el único que puede ver cabalmente lo que acontece en sus manos (sus compañeros no separan la vista de la maraña de preguntas).

La veo ahí, sentada en una silla final, deshojando esa flor (o lo que queda de ella). Llegó un poco tarde al examen final del curso que lleva conmigo en la universidad —justo tras de mí. Sus manos cogieron, temblonas, los pétalos que fueron cayendo una a una en lapsos cada vez más prolongados.

Quizá nunca le regalaron una, así que decidió regalársela a sí misma; pero al reflexionar sobre lo ilógico del gesto y de lo absurdo y desfachatado que resultaba aquello, le quedó solo deshacer esa mentira, y lógicamente romper, pétalo a pétalo, la flor.

Tal vez no fue entregada por la persona esperada. La recibió porque el momento y el lugar no le permitieron realizar un desplante. O la cogió sin pensarlo, en abstracción, por un simple error. Luego, cayendo en cuenta sobre el absurdo de aceptarla de una persona que no existía en su mundo o que apenas conocía, se deshacía, apenada, de ella.

O la recibió de la persona amada —que parece más evidente—; aquella que le causara algún daño, y que después intentara apaciguar el hecho y disculparse, empezando con esa flor. La recibió porque esas palabras sonaban cargadas de convicción y sinceridad. Pero luego que sopesando las palabras y la flor con el daño causado cayera en cuenta de que no merecía el perdón, empezó a destruir y destruirse con la flor; aunque se desgarrara de a poquito el amor que cultivaran para caerse hoy en pedacitos, produciendo las lágrimas que no se decidían a salir libremente por la circunstancia (y las personas que la rodeaban) o porque no quería mostrar todo su dolor. Por eso el acto en el aula, parsimonioso y doloroso a los ojos de quien pudiera observarlo: las lágrimas eran los pétalos de flor.

O no supo cómo lo hizo, pero estuvo deshojándola hasta el final. Cayó en el hecho cuando ya era demasiado tarde. La reacción la hizo sentirse más triste. Pues ya estaba nuevamente sola, como desde siempre. Y sin poder compartir, con alguien, su pena. La hubiera podido consolar si las reglas lo permitieran fácilmente, no quise romper los protocolos sociales.

Es hermosa como el mediodía. Andina y sonriente. No la había visto así jamás.

Di la orden de entrega sabiendo que ni siquiera había cogido el examen. Supo que yo la observaba; se marchó en silencio.

Vi la flor regada en el piso; recogí sus pedazos. Quise recomponerla; lo intenté: decir que lucharía, que solo esperara. Pero algunos actos: el vivir a escondidas, el transgredir los contratos sociales, el tener un hijo en la clandestinidad o romper un matrimonio; entre otras cosas, eran ahora con lo que debía luchar.



DEIDI


Si pisas el gras de la plaza, te quedarás en Huarmey para siempre. Es la tradición.

Lo pisé inevitablemente.

La conocí esa enamoradiza tarde; sentados sobre la arena, contemplamos el mar atestado de lanchas, mientras nuestros cuerpos se buscaban y conocían en silencio entre la rojiza penumbra naciente.

La siguiente noche partí, prometí volver en cuanto publicara mi siguiente poemario. Te lo dedicaré, lo presentaré aquí, en Huarmey, y luego nos casaremos, musité endulzándola.

Ella bajó la cabeza tristemente. Y tú, Anita, habías venido con ella; nunca te separaste de nosotros.

Al amanecer, el frío me despertó, el costeño cielo grisáceo fue reemplazado por el azul andino de Huarás y en mi corazón sentí un gran vacío; desde entonces, ya nada era igual; todo transcurría entre la vehemencia y el vértigo más enfermizos.

Seis meses después cumplí con mi promesa. Ah, si supieras cuánto sufrí. Llegué a casa de Kawide, huérfano y desorientado. He venido porque ya sabes lo que pisé y tienes que ayudarme, musité desfalleciente.

¿Sabes?, me guié por la insignia de colegio que ella me regaló justo antes de irme. Para que siempre te acuerdes de mí y de tus promesas; me susurró luego del último beso, mientras ambos tratábamos de acallar las inevitables lágrimas del adiós. Tú también estabas allí, ¿lo recuerdas?

Ayudado por Kawide, llegué al colegio. Esperé la hora del recreo; mientras bullía en mí una incesante tormenta de imágenes añoradas; su rostro encendido, sus ojos negros, su delgada cintura, su frágil cuerpo adolescente, confundidos con un sentimiento de angustia que me envolvía hasta hacerme rondar por las lindes de la locura más amada.

Inesperadamente, sonó el timbre, y entre el tropel de muchachitas alborotadas y sonrientes, logré reconocerla inmediatamente; ella se adelantó al verme, su delicado cuerpecito se estrujó otra vez más entre mis brazos ante, la mirada atónita de sus compañeritas. Esa vez, también estuviste junto a ella, mirándonos con cierta envidia.

Te lo confieso, esa noche salimos a pasear por la plaza, abrazado a ella, pisé una y otra vez aquel gras. Para que se cumpla la tradición, le susurraba mientras sonreía enamorada; recorrimos las penumbrosas calles, la playa serena ya dormida; esa noche lo recordamos todo, y hasta algo más. Solo que en esa ocasión, ya no nos acompañaste.

Al amanecer, éramos inseparables. Desayuné en su casa, conocí a su familia, esa tarde fueron a la presentación. Este poemario está dedicado a mi hijita Deidi por su novio huarasino, gritaba tu tío, emocionado.

Esos días fueron inolvidables, hasta ahora siento lo que viví con ella; para entonces decidiste abandonarnos.

Bueno, durmamos ya, Anita querida, mañana es nuestro tercer aniversario y ya sabes cómo se comporta Santiago al ver a sus abuelos, seguro que también vendrá tu prima Deidi, aunque todavía no te haya perdonado que le hayas quitado el novio.

Ahora sé que si pisas el gras de Huarmey te quedarás allí para siempre, y que corazón huarasino se parece al cielo serrano.


LA MALDICION DEL ABUELO


Sebastián no comprendía porqué sus padres le habían dejado con su abuelo en un pueblo tan lejano e inhóspito como Huari, donde los cerros se elevaban de manera misteriosa tomando formas caprichosas parecidas a rostros humanos que clamaban perdón. Aquel pueblo le parecía tan extraño e ínfimo pero a la vez místico y bello, por las formas de las construcciones de sus casas que tenían paredes de barro y techos de paja.

Sus padres solo le dijeron que volverían en una semana, ya habían pasado dos meses y aún seguía esperando, en aquel montículo de piedras que los viajeros de tanto viajar habían acumulado, dizque para la buena suerte a la salida y entrada del pueblo, mientras que su abuelo, un tipo déspota, cometía abusos contra él.

Un día su madre se le apareció en sueños y le dijo que buscara un huevo de gallo para protegerse del diablo, Sebastián se despertó sobresaltado y se dirigió al gallinero, grande fue su sorpresa cuando confirmó que efectivamente el gallo había puesto un huevo el cual era pequeño y oscuro, se lo llevó a un curandero y este le aconsejo que lo empollara en sus axilas por siete horas para luego sacar un anillo de oro que le protegería del maligno.

Al día siguiente, a la medianoche el supay se apareció con intención de llevarse el alma del muchacho, según el pacto de sangre que hizo su abuelo, que condenó al pobre niño para salvarse de los infiernos, ya que en su juventud fue un pishtaco, pero Sebastián siendo muy astuto huyó en un burro hacia una cueva llamada pishtaq machey perseguido por su abuelo y el diablo que montaban una mula, que de acuerdo a las tradiciones, tienen siete pensamientos a la vez, solo para hacer maldades y muy cerca de un abismo los botó, dando tiempo al muchacho par llegar a su destino, una vez en la cueva se le apareció el espíritu de sus padres que le confesaron que fueron victimas de su malvado abuelo y que la única manera de librarse de la maldición era enterrar el anillo rezando un padre nuestro. Así lo hizo y cuando estaba a punto de ser alcanzado de nuevo por el diablo, logró enterrar el anillo mientras que el supay huía dando gritos y llevándose el alma de su abuelo.

Sebastián nunca más volvió a ver a sus padres pero la esperanza renació en su corazón cuando vió salir el sol, iluminando su rostro y prodigando calor al hermoso pueblo de Chacaragra, hogar de sus padres.


FIN

Vocabulario:
pishtaco............asesino
pishtaq machey...cueva del pishtaco
supay...............diablo


ELLAS SE ENTREGAN HASTA MORIR


Sentía mucha cólera porque no dejaba de pensar en ti, Justina. Tú no me querías, al Mardonio sí. Me despreciaste de la peor manera. De mi lado, riendo todavía, te fuiste con él y cuando te estuve viendo se desaparecieron por los chirimoyos y paltos, allá cerca del cementerio. Allí mismito te dejaste tumbar, Justina, levantando tu pollera te dejaste besar y morder.

A esas horas ya los rayos del sol iban calentando la mañana. Y en una de esas, como en un sueño, escuché – tegtegtegtegtereg –. Era la gallina negra de mi mamita, que estaba empollando hace una semana. El cacareo era como si vendría del más allá, con un tono de burla y melancolía a la vez. Allí mismito no sé qué me pasó. Sentí como si empezara a hervirme la sangre. Entonces me dije en mis adentros – ¡Justina!, a mí no me quieres, pero al Mardonio sí. Corrí tras la gallina, la tomé entre mis brazos… Me percaté que nadie me viera y empecé a hacerle el amor. La gallina aleteaba con fuerza, su diminuto cuerpo se retorcía y sus ojos se nublaban (pero eso sí, carajo, no sé si era de placer o de dolor) Después de un rato, el aleteo ya era débil y moribundo, y en uno de esos, lanzó un último cacareo y expiró, yo sólo atinaba a repetir - ¡Justina!, tú no me quieres, al Mardonio, sí…

Ella estaba entre mis brazos, sin aliento, pero aún una sangre caliente recorría su cuerpo. Recién tomé conciencia de lo que acababa de hacer. Me asusté demasiado, sentí como si mi alma se apartara de mi cuerpo. En ese instante sólo atiné a dejar la gallina sobre un montón de leña y corrí a buscar mi poncho y una soga, salí corriendo desesperadamente.

Al mediodía, llegué con mi atado de leña. Justo en esos instantes mi mamita llamó para sentarnos a la mesa, era hora del almuerzo. Mi papá, como de costumbre, se sentó al medio, sobre un poyo grande, a los extremos mis hermanitos y yo.

Mamá nos sirvió papas calientes, mote y caldo de gallina. Mi padre inició el banquete, yo sólo atinaba a observar.

Mi mamita me miraba con un poco de recelo.

- ¿Rómulo, por qué no comes? ¿Acaso estás enfermo hijito?

- No es eso mamita.

- Come hijito es la gallina negra que estuvo empollando. Se había muerto desangrada la pobre…

Al escuchar a mi madre, agarré la cuchara y comencé a tomar el caldo. De pronto sentí como si una ráfaga traspasara mi cuerpo. Mi madre me había servido la rabadilla. Cerré los ojos y comencé a comer a grandes bocados…

Ahora, a decir verdad, ya me olvidé de ti, Justina, pero ya no puedo olvidar a las gallinas. Con decirte que ahora nos quedan sólo siete de las treinta que teníamos. Es que, carajo, las gallinas se entregan a uno hasta la muerte, pero las mujeres, se entregan sólo por un momento.


SHAQSHA TAYTA MAYO


Te pones los cascabeles y te ciñes la corona de plumas coloridas; estás listo.

No te importa la sangre que chorrea por tu frente, ni las inexplicables heridas que descubres en tu cuerpo; solo quieres bailar y brincas al son de los tambores y quenas, tan ligero como un alma luminosa.

La calle bulle repleta de gente, pirueteas vestido de blanco plateado y truenas tu chicote.

Ahora ves a tus tíos, a tus abuelos y hasta a tu padre que han venido desde el más allá para verte bailar de Caporal.

Mañana habrá contrapunteo, Antonio y Pascual competirán para ser Caporal. Es mi deseo, sentenció el Mayoral.

En la prueba de danza, ambos trotaron y piruetearon hasta que el sudor mermó el polvo del patio. Luego, comenzaron a beber chicha.

El sol era joven, sus rayos penetraban la carne de aquellos que antes fueron compañeros de colegio, y que ahora, se disputaban el puesto de Caporal.

Estrellaron sus cabezas contra el piso, un gran bullicio se armó entre los testigos. Antonio estaba más ebrio y cayó fulminado en la tercera prueba; la de resistencia.

Pascual fue ceñido con la corona multicolor, era el nuevo Caporal y ahora debía purificar su alma rezando. Antonio, derrotado, salió tropezando ante el brindis de los asistentes para festejar al nuevo Caporal.

Cayó la tarde, los demás terminaron de alistar los trajes y los cascabeles para la prueba de mañana. Era tradición que la Shaqsha de Taita Mayo gane a los visitantes; si no, ese año las cosechas serían atroces.

Saliste tropezando, tuve que acompañarte, al cruzar la carretera, ni cuenta nos dimos de que venía un camión choclero desde Carhuaz, me tapé la vista, horrorizado, por lo que nos iba a suceder. Felizmente, nada pasó.

Vamos a tomar, caray, para que se pase mi cólera, me dijiste. Como tu hermano menor, te hice caso, nos fuimos al "Sietepatadas" y estuvimos allí hasta no sé qué hora, bebiendo jarras y jarras de chicha.

Al salir, la luna estaba muy grande, las estrellas bien cerquitas, al verlas, me asusté. Creo que estamos muertos, murmuré bromeando. Tú, ni caso me hiciste. Vamos por Wilcahuaín, escupiste ya ebrio. No sé cómo, pero llegamos rapidito, sacaste coca y comenzamos a chaqchar.


Creo que lo soñé. Cuando desperté, Papá estaba conmigo y me dijo que te habías ido como Caporal al contrapunteo. Me alegré mucho, pero luego pensé, ¿y Pascual?; de pronto, un funesto presentimiento electrizó mi cuerpo. ¿Papá?, ¿cuándo has llegado?, ¿no habías muerto cuando estábamos todavía chiquititos en el Sismo del 70? Papá sonrió, dio media vuelta y se fue por la empedrada calle José Olaya.

Cuando llegué a casa, mamá lloraba, clamaba por sus hijos, la abracé diciéndole que estábamos bien; pero ya ni me vio.

Poco después, vi a Pascual bailando como Caporal de los Tayta Mayo.

Todo esto me pareció, demasiado raro, tardé días para darme cuenta de que mi hermano y yo, en realidad, no logramos cruzar la carretera aquella siniestra tarde.


FLASHBACK


La luz de la cámara frente a mis ojos… Invade mi cuerpo, ilumina mis partes asaltadas por el pudor. Mi piel: follaje desnudo, tendido sobre la cama. Reposa, silencioso… Él está pendiente de cada uno de mis movimientos. El lente de la cámara se convierte momentáneamente en su ojo pederasta. Cuando el chasquido de sus dedos inunde el dormitorio, mi actuación comenzará. Fueron claras sus instrucciones. Tengo que hacerle caso. Si desobedezco me golpea. Y doblemente, pues dice que con los moretones salgo fea en las fotos. Aún pienso que hice mal en huir de casa hace seis meses. No todo era tan desagradable en esa memorable esquina de la avenida Luzuriaga. El clima de Huaraz siempre fue divino, pese al cortante frío nocturno que se inyecta algunas veces debajo de la piel, buscando los huesos. Recuerdo el aroma que el viento traía consigo en las madrugadas, los dulces cánticos de las aves, la reconfortante presencia de mamá al borde de mi lecho dándome los buenos días. Es en los malos momentos cuando nos damos cuenta que lo anteriormente vivido valía la pena. Después de cada flash, como nube de polvo, las mejores imágenes de mi pasado recurren a mi mente, reclamando un giro definitivo. Ya toda pelea o conflicto familiar queda de lado. Pero cierro los ojos, y al abrirlos, un flash me devuelve a la realidad, la luz de la videocámara me enceguece por unos segundos, y descubro que sigo aquí, atrapada bajo la atenta y lujuriosa mirada de Andrés. Lo amé alguna vez; ahora lo aborrezco. Detesto esas cámaras, luces y fotos. Sin embargo, tengo que actuar de acuerdo a sus deseos, ponerme en una y otra posición, sonreír. “Lo haces muy bien, preciosa, sigue”, le escucho decir, con una mano debajo del pantalón. Y yo sigo desempeñando mi papel de niña sensual que goza siendo fotografiada, mientras mi alma se deshace, cae a pedazos, sobre una fuente contaminada. Hoy más que nunca pienso que cometí el mayor error de mi vida al creer en sus palabras, al dejarme envolver por sus brazos y huir con él en dirección a este puerto con olor a pescado y lluvia gris. No existe el amor. He descubierto que todo es un engaño. Estoy presa entre sus garras, esclavizada, humillada, añorando mi vida tranquila en la casa materna de Huaraz, resistiendo esta muerte lenta bajo el lente de cámaras, luces y flashes, mientras en las calles inmundas de este puerto con nombre de embarcación varada, se venden imágenes de mi cuerpo desnudo, vulnerado, al interior de un disco compacto.



MAÑANA NO HABRÁ CUCULÍES


Desde el día de la masacre Gabriel no dejó de soñar que perseguía un ojo sanguinolento que escapaba de sus manos volando hasta el infinito. Aún recuerdo el corral embarrado con cuerpos torturados de cuculíes y la pestilencia de su sangre púrpura empapando de lágrimas mis noches lejanas.

Huambo no sería el mismo desde aquel día en que inexplicablemente la hallamos junto a los animales, habían cientos de cuculíes que picoteaban sus piojos y adornaban su cabeza con excremento. Pensamos primero que era un árbol, pero al apartar las aves notamos a la niña como de 12 años que dormía de pie con las manos extendidas. Mis padres la dejaron en el corral para quedarnos con las cuculíes, nadie le puso nombre y siempre fue “la wambra”.

La desgracia ocurrió un martes, amanecía y toda la casa oyó gritos siniestros provenientes del patio, corrimos desesperadamente y encontramos a Gabriel, el mayor de seis hermanos, revolcándose en el piso mientras las cuculíes le arrancaban los cabellos, mis padres pidieron auxilio y rápidamente la casa se llenó de gente con cuchillos o piedras para destripar a cuanta cuculí se encontrara en el camino.

En el fragor de la batalla nadie reparo en la wambra, excepto yo que la encontré tirada en un rincón, llevaba el vestido destrozado dejando al descubierto sus pezoncitos y su sexo colorado ...entonces entendí todo. Hace un mes, Gabriel se había llevado a la loquita del pueblo a un riachuelo, ahí la denudo sin clemencia y la desfloró violentamente, mientras le gritaba al oído: loca y puta.

En el pueblo nadie le creyó a Romina, pensaron que era una invención de su mente perturbada. Desde entonces viendo a la loquita enloquecer más, deteste a mi hermano y el día de la fatalidad, Gabriel regresaba borracho de la fiesta en honor a la mamacha del pueblo y quiso aprovechar la eterna somnolencia de la wambra.

Al finalizar la carnicería descubrimos horrorizados que Gabriel estaba tuerto, una cuculí le había reventado el ojo izquierdo, entonces, la injusta decisión de arrojar a la niña al abismo fue unánime. Mi llanto no contaba para los mayores, papá me dio una cachetada atroz y asistí en silencio con todo el pueblo hasta el cerro donde dos indios fornidos alzaban a la wambra por los aires y la arrojaban hacia donde yo no podía alcanzarla.

La observé caer lentamente como una retama, como si fuese un sueño imposible, como si nada en el universo existiera. Creí que me moriría de pena cuando aquello sucedió: una nube de cuculíes en el cielo infinito de Huambo, un poema de plumas que se la llevo eternamente con los astros y yo nunca volví a encontrarla, simplemente el tiempo y la gente hicieron de la wambra y sus cuculíes una leyenda y yo la dejé en aquel lugar donde un niño abandona sus recuerdos.

FIN

Vocabulario:
Wambra: niño(a).
Huambo: centro poblado cercano a Recuay.
Cuculí: tipo de ave.
Mamacha: santidad de un pueblo.


NO CULPES A HUARAZ

Lo conocí cuando tenía 25 años, desde los 10 años fue alejado de familiares, amigos, costumbres, tradiciones, fiestas, comidas, expresiones y hasta juegos y sueños infantiles que son todo el universo en nuestras vidas a esa edad.

Octavio, era su nombre, había nacido en una Ciudad de Andahuaylas una ciudad al sur del Perú, su padre Santiago y su madre Teodora habían elegido su nombre en recuerdo al abuelo de Santiago.

Aquella tarde de Diciembre en una conversación de aproximadamente 6 horas, Octavio encontró una forma única de salir un momento de si para poder sacar todo de si, relatarme toda o gran parte de su vida.

Un hecho que me impactó, entre otros tantos de dicha conversación y que es la que en resumida cuenta quiero expresar en este pequeño relato, fue la forma como Octavio luego de vivir casi 15 años en Huaraz, jamás participó de Aniversario alguno de la Ciudad. Me contaba que ni aún con los 10 años que tenia cuando llegó, jamás le llamó la atención los festejos de Carnaval Huarasino que de por si son el mejor atractivo para los niños, familias y turistas nacionales y extranjeros. Su colorido, sus corzos, sus payasos, mascaras, globos, talco y agua, sumado a los famosos pasacalles, roncadoras y entierros de los Carnavalotes hacen que sea una festividad bastante promocionada y conocida a nivel nacional.. Octavio decía que era mejor quedarse en casa, luego de un silencio decía “allá todo, aquí nada”. De igual forma la Semana Santa Huarasina, la calificaba de extraña y llena de hipocresía, de caras arrepentidas de llantos ocultos, de gestos acusadores y de miradas perdidas sin signo de arrepentimiento. Luego de fruncir el ceño me decía – Cuento las horas para que terminen los feriados largos y volver a la “realidad”. Esta frase la mencionaba en reiteradas veces.

Hay hechos en la vida que nos marcan, pero nunca imagine que el hecho de separarse toda una familia y dividirse a los hijos como bienes partidos, fuera a marcar en Octavio, todo un odio y desprecio cultural hacia Huaraz.

Definitivamente un hecho no tiene nada que ver con el otro, sin embargo ahora comprendo que hasta la cultura, tradiciones, comidas, festividades, fe y calor humano, muchas veces tienen que pagar el alto costo de la desunión y división de las familias en el mundo. Mientras tanto los pueblos, ajenos a todo resentimiento humano y conflictos internos, siempre tendrán los brazos extendidos, dispuestos a brindar todo el calor humano y mostrarnos la variedad de culturas, tradiciones, historia, comidas, festividades, misterio y gente acogedora como Huaraz siempre la tendrá.



DE LA COMPLACENCIA Y FLACO


Estuve tan absorbida que no me percaté que la madrugada calladita había reemplazado a la bulla urbana que me envolvía horas antes. Algún pequeño ruido desde el patio alcanzó así distraerme. Abandono mis lapiceros sobre el escritorio y estiro mi cuerpo encogido. Tomo contacto nuevo con la realidad; es tarde y no siento a nadie en la calle. Inmóvil en la silla presto oídos y no percibo nada; me esfuerzo en rescatar sonidos recónditos.

Scrach…scrach… ¡Eso es! ¡Un insecto se frota las patitas deleitándose frente a mis maceteros! Me levanto y echo un vistazo; reparo en una araña tejiendo una trampa para el día de mañana… en silencio.

En los poblados, más allá, escucharán ellos cosas de verdad: el ronquido de una manada de ovejas soñando con pastizales verdes; el incesante murmuro de cuyes en la cocina. Es una música armoniosa, de repente el canto de la vida misma, lo que envuelve a la gente de las afueras.

En la ciudad estamos rodeados de montes adornados con chacras y casitas techadas de tejas. Apenas levantamos la vista separamos majestuosos nevados que resaltan en un cielo sin fin con sus cumbres de nieve.

Más que vivir en la naturaleza, la miramos desde nuestra modernidad. La vendemos también en postales y pocas veces la recordamos si se trata de progresar. Es cierto que en la plaza sembraron césped americano y dispusieron bonitas flores en filas ordenadas, pero nunca reproducirán la armonía innata de esas matas silvestres que recorren los campos con ganas propias.

Apoyada mi cabeza en el marco de la ventana me acompaña el zumbido del foco ahorrador. Lo apago. Voy buscando constelaciones de estrellas más allá de las antenas de radiodifusión. Percibo el vaivén de la avenida; los auto-taxis regresan desde las discotecas del centro con fiesteros agotados y contentos.

Entre portones de metal y rejas, Canela y Balú esperan de un ojo la venida repentina de extraños noctámbulos mientras del otro, vigilan el pasar de los gatos nocturnos. Mis vecinos albergaron sus infancias en caseríos y dejan a sus perros afuera como lo hacían sus padres en el ayllu. ¡Hoy en día son otros los jaguares que peligran por la avenida 28 de julio! Flaco, el perro de nadie en la cuadra de todos, sueña más bien con el día de la basura.

El sol se enrumba con pasos decididos; desocupo la ventana y paso al baño a asearme antes de descansar lo que quedó de la noche. Me jabono la cara; es dulce la ilusión de que el agua con la que me enjuago proviene de un fresco manantial.

Wua… wua… ladra Flaco. Jalo la palanca del ‘water’…shusss. Emocionada dejo las cataratas del baño para apresurarme hacía la ventana. Grrrr…grr…grrrrrrr… ¡Allí viene! ¡Allí viene! ¡Por fin un poco de fauna en el barrio, no lo puedo creer…un oso! Priiit…priiit…pruuuuuut… ¡Oh no! El guachimán asustó a las vizcachas del sueño de Balú. Felizmente, divisando primero al depredador, Flaco pudo al fin corretear cosas de verdad.

ATUSPARIA FRENTE A LA HISTORIA


La mañana en que Pedro Pablo Atusparia se despertó para atacar Huarás, se encontró con Uchcu Pedro en su habitación. – Nadie me ha visto entrar, le dijo, cuando sus ojos de sorpresa reposaron donde él. He venido a tu llamado, para confirmar que tú serás el líder y yo tu lugarteniente. Atusparia le agradeció por la decisión que había tomado en ceder su lugar en la historia, lo abrazo y le respondió:

- Anda que tú también tendrás un busto en un parque de tu natal Carhuás y no olvides en un mes ustedes atacaran, tal como los historiadores lo han escrito. Ambos se miraron a los ojos, no se dijeron nada más. Uchcu Pedro salió raudo, montó su caballo y se alejó. Mientras que Atusparia borraba las evidencias de su presencia, los campesinos empezaban a bajar de las estancias para tomar la ciudad.

LA MULTIPLICIDAD DE LO INDIVISIBLE

LA MULTIPLICIDAD DE LO INDIVISIBLE

Juan Zamudio

El libro-homenaje, Lima o el largo camino de la desesperación, al poeta Carlos Oliva (Lima, 1960 - 1994), fue editado en la ciudad sureña de Arequipa, espacio que está articulándose o haciéndose a una modernidad periférica -modernidad entendida como un organismo que segrega sus beneficios a la periferia de un modo diferido y reciclado-, por ser el centro (países desarrollados) desde donde se digita dicho proceso funcional a sí mismo. El centro hace de dicho proceso diferido en la periferia, es decir, la modernidad que llega a Arequipa a finales del 90 es similar y no simultanea a la de Lima de inicios del 90, y es por ello que este libro-homenaje es simbólico y refleja una sensibilidad urbana en lo discursivo. De algún modo el discurso urbano en la literatura arequipeña tiene una ausencia y la modernidad va por las calles y permanece en los ojos, en las actitudes, de los sujetos que conviven con ella. Arequipa es una ciudad que tuvo acercamientos ambiguos a lo urbano en lo literario en los 80, al ritmo de los grupos literarios "Ómnibus" (Oswaldo Chanove, Alonso Ruiz Rosas, Misael Ramos), "La gran flauta" (José Gabriel Valdivia, Leandro Medina...) y demás grupos que eran fervientemente sociales; ya en los 90 se pasa a un lenguaje metapoético, estrategia que se despliega al negociar la identidad en la página, siendo Carlos Tapia, poeta y músico, quien tuvo una manera de abordar los cambios que en modernidad pasaba Arequipa, ciudad conservadora en sí -en múltiples sentidos-, en su primer libro de poemas Música para afeitarse.

A finales del 90, la identidad deja de ser un anclaje, estática, para ser móvil, negociada, en lo público y privado, es decir, las identidades son cambiantes; haciendo uso o parafraseando al narrador Ribeyro, quien dice que el yo es una especie de gaveta con múltiples cajones, y cada persona que se hace fraterna a uno tiene la llave de un cajón de dicha gaveta, dejando los demás compartimentos de uno inaccesibles al otro. Y el leer a Oliva fue abrir un cajón de la gaveta que no había sido visto bajo las luces de neón, a través de una antología de la literatura peruana (II tomos) que armó Ricardo Gonzáles Vigil, siendo Oliva antologado en la generación del 90, y surgió la inquietud de hallar el poemario póstumo, editado el 95, en un viaje a Lima el verano del 2003, libro que hallé, en copias, por medio de un amigo de San Marcos. Posteriormente la idea de reeditar el poemario de Oliva surge, porque el 2004 se cumplían 10 años de su desaparición y entré en contacto con sus compañeros de ruta por la vía del internet, y también me comunique con su familia en otro viaje a Lima, el verano del 2005. La edición fue lenta y se fue ampliando con un prólogo del poeta y ensayista Paolo de Lima y prosigue con el poemario que Oliva dejó armado, y se pasa a la sección "otros poemas", que se abre con una crónica del poeta Róger Santiváñez, que congrega poemas que se publicaron en revistas y fanzines limeños póstumamente, y prosigue con el colofón del poeta y narrador Miguel Ildefonso.

La identidad, por consiguiente, pasa a ser una habitación de la que se entra o se sale, para pasar a otra, dentro de las múltiples que se puede asumir o practicar en relación al otro o con uno mismo, en equilibrio o al borde del mismo; esto último representa la portada del libro-homenaje a Oliva: Lima, la ciudad, lo publico está afuera, zona en la que no sólo se negocia o asume una identidad en comunicación o comunión con el otro, sino, también, se reduce a un monólogo interno al hacerse de la lógica un arte al caminar por las calles.

El libro-homenaje desarrolla, también, una perspectiva social, ya que el quiebre de la utopía social se dio a finales del 80, dicha utopía es la búsqueda del espacio para desarrollar el equilibrio de los sentidos con música de fondo, y ésta hubiese cubierto como neblina la ciudad de neón dejándola en transparencia, la memoria del tiempo se convierte en acto y hubiese silenciado los bocinazos, para pasar a crear el fuego de los sueños sin culpa en la conciencia. El tiempo es sed o ansiedad de salir del desierto de la palabra y habitar bajo el sol de la belleza. La utopía que se trasluce en la poesía del ángel caído, Carlos Oliva, es búsqueda de ese espacio; la desesperanza se filtra oscureciendo la poesía de Oliva, al saber que no es posible de rozar o ver (la utopía) y por ello atraviesa raudo la calle, en la madrugada, en medio de los apagones.

Lima o el largo camino… sigue un rasgo (de la tradición poética peruana), de manera acentuada, del poemario En los extramuros del mundo -coloquialidad que es plena en los 70, siendo este texto representativo- de Enrique Verástegui: "vamos paseando por Tacora / entre prostitutas y ladrones" ("Primer encuentro con Lezama"), intertextualidad que se refleja en las siguientes líneas: "mientras cruzo por colmena entre prostitutas y homosexuales / que no pueden tirarse un lance conmigo / porque ya me he tirado un lance con la soledad" ("Lima II"). Tacora y Colmena son espacios marginales en los que la violencia, sea esta delicuencial o el comercio sexual, hacen que el yo poético de los Extramuros… busqué un diálogo con Lezama, y asirse de compañía en la ficción; y en Lima o el largo camino de la desesperación el yo poético se desliza una vez más a la soledad y hacer de lo uno, múltiple. Lo externo no es equivalente a una posible comunicación, sino, al fortalecimiento de la ansiedad de búsqueda; búsqueda de "algo nuevo" ("Lima II").

En la poesía de Oliva se conjuncionan la lógica matemática -por haber estudiado Matemática Pura en la Universidad Nacional de San Marcos hasta finales del 80-, su experiencia personal, en un paradero ficticio -paradero que es impreciso por el quiebre de la utopía social a finales del 80-, para echarse luego a rutas inmensas en espiral, que giran hacia adentro y afuera, al ritmo de una conciencia que sabe de los límites de sí misma y de los rasgos históricos del cielo: poseída por el consumo y sobre un primaveral bienestar en urbanizaciones enrejadas; mientras las mujeres no escuchan, sólo ven TV, hasta en sueños. Conciencia que no capta, todavía, el estremecimiento de la piel utópica y su posterior derrumbe en un punto dentro de una sucesión de puntos, en los manuales de historia. No lo capta. Y cuando lo hace, el yo poético es y no es Oliva, porque es plena anarquía de la ciudadanía, desorden -vistos por los otros- en ese deposito personal y ficticio que trasuntan las páginas de su libro homenaje.

El personaje de su poesía prosigue hacia el oeste y este tránsito-zona le es imposible-lejano como "Europa de mis bolsillos" ("Lobo estepario") y se aleja aún más "del mundanal silencio de los retóricos" ("Caballo del crepúsculo"), zona que simboliza lo público; el personaje de la poesía de Oliva ante esta certeza regresa hacia el este (lo privado), a su hogar, a la fraternidad de sus amigos, así mismo, en pleno dolor y vuelve, finalmente, a los elementos, luego de transitar en la urbe propia y externa y ve en la superficie líquida un "pentragrama de agua" ("Sobre la muerte") que refleja la música de las esferas que Pitágoras disfrutaba, ocasionando una des-conjunción del yo poético con la aparente urbe, para saber que el otoño es su morada.

2 Poemas de Oliva:

Anatema

.... .. ... .. .. .. .. . .. ... .. . .. A Richi Evangelista

Malaventurado el que lee y escucha
Esta poesía:
Palabras como voces de trompetas
Canto de ciento cuarenta mil
Ángeles caídos
Como estruendo de muchas aguas
El demonio se bañaba en ellas
Y no hubo señales
Sólo años de barbarie
La bestia cogió la llave del abismo
Y yo cogí un caballo blanco
Y empecé a cabalgar
.. .. .. . .. ...Un minuto cabalgando
.. .. .. . .. ...Un año cabalgando
.. .. .. . .. ...Mil años cabalgando
Buscando la tierra nueva
Itinerario de aquelarres siniestros
Como lágrimas negras que ruedan
Por mis mejillas, hiriéndolas
Imborrable desamparo del alma
Que cabalga sobre un arcoiris maldito
Y se pierde entre las dimensiones
Sangrientas de un tiempo
Tan desventurado como esta poesía.


El Sueño y la Muerte

.. ..... .. .. .. .. .... . .. . .. ...A Miguel Ildefonso

Prosigo así, materia de sueño,
A quien olvida un loco esperando el recuerdo,
Avanzando hacia un oasis prohibido,
Donde no existe clamor, desnudez o misterio,
Tratando de alcanzar el horizonte,
O su eterna curvatura de cadena embrujada,
Que perenniza los sueños y los revierte,
Hacia un vértigo oscuro e interminable,
Blanco y negro, vértigo,
Punto volando hacia la nada,
Molécula brutal o fondo.
No ese sueño que vela a la sombra, iluminando
Una inmensa ola negra, descubriendo un dolor
Inesperado, estremeciendo recuerdos inefables.
Sueño que es victoria o fracaso, al llegar la noche.
Sólo habitando la noche, se vence la noche.

* Arequipa, 1980. Estudia Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Editor de Lima o el largo camino de la desesperación (Grita Ediciones: Arequipa, 2006), libro-homenaje al poeta limeño Carlos Oliva.

Viajera

Viajera

para Karina Montalvo, este poema escrito
con la delicada tristeza que me enseñaste

detente viajera hospédate desempaca
recuenta las hojas
tus vestidos tus sombreros tus guantes
afíncate
has de la tierra tu hermana tu fuego tu hijo
has de la tierra el libro
ya deja los vaivenes
maquíllate sal a la terraza
saluda a la golondrina
esa que no hace verano
riega el jardín que empiezas
desde la primera flor hasta la última idea
descansa siéntate bajo la fronda castañera
tararea tus viejas sonatas húngaras
bendice a los niños que construyeron el parque
a los mendigos que edificaron la plaza

ya deja de buscar
encuéntrate en la soledad de tus personajes
en las cuitas de los pobres
tú ya viviste demasiado ya no te da el corazón
opta por darle de comer a las palomas
o tejer un cuadro de chagall en tu sueter naranja
deja praga para el resto
sírvete un brandy con hielo en la terraza
y pon ese viejo disco de c. black que se trepa a tu memoria
y te hace decir infinito sonrisa planicie
no te me pongas a discutir en otro idioma
o sino yo empiezo con los versos de pavese y terminamos

deja en paz a mis amigos caminando sobre trapecios
porque ya se murieron hace tanto
disculpa la renuncia
detente ya conoces demasiado
si lees una línea más de nuestra historia
terminarás por necesitar lo imposible
por favor ponle fecha a tus sueños
y sobre todo quédate en la cama una hora más un rato más
porque allá afuera mientras escribía todo esto
ya se olvidaron cómo dos sombras pueden amarse
porque allá afuera no permiten que la muerte ame tantonull


NORMAN MENDOZA

Cholo No Soy.

Cholo No Soy.

(En: El proyecto de pais cholo mestizo).

Alguna vez conversaba con un sociologo y este me decia que despues de caida la republica aristocratica, y ese proyecto de pais criollo, el actual proyecto de nacion, de pais, y como estado que tenemos es el "cholo mestizo", lo decia con orgullo, de ser cholo claro, pero tambien de tener las cosas claras,los problemas y traumas "del pasado" resueltos, superados; por ejemplo esas absurdas complicaciones de la reivindicaciones etnicas, o las interpretaciones del pasado, por ejemplo esas discuciones de cuando se saco la estatua de Pizarro de la plaza central. Ahora -me decia- el proyecto que tenemos es el cholo mestizo, sacar adelante este pais con la fuerza de los cholos que son recios. Este amigo habia sido consultor para una de las propuestas de macroregion, y esos dias se encontraba de consultor para una de esas grandes agencias internacionales, sobre un tema interesante; los recursos humanos de Perú. Pero, el hecho es que desde su punto de vista no hay nativos, indigenas o poblaciones originarias en el Peru, salvo talvez, quizá, los nativos de la selva que estan en aislamiento voluntario, casi tantos como los tapires con que uno pueda toparse en la montaña. Gente que ve asi el Peru hay muchos, lo problematico empieza a partir del momento en que son gente que administra porciones -institucionales, academicas, etc- del Peru real. estancados en el tiempo, en un enfoque clasista no distinguen campesinos de quechuas o andinos. Entonces "lo cholo" se vuelve un concepto peligroso, totalitario, que niega la posiblidad de otras identidades a mas de la "mestiza".
Habra que escuchar las exposiciones de esta actividad que suena interersante, pero dios me libre de escuchar en esa retorica populachera de Chema Salcedo lo que Gonzalo Portocarrero explica tan bien en su jerga sociologica: el ecepticismo frente a la posibilidad de consolidar los reclamos de las poblaciones originarias, y de poner en nuestro corazones a la par una bandera identitaria nativa junto a la mestiza.

Gonzalo Valderrama

a propósito de...

a propósito de...

Sea lo que fuere, cuando un tema es muy discutible
–y cualquier tema donde interviene el sexo lo es–
nadie puede esperar decir la verdad.

Virginia Wolf. Un cuarto propio

SEXO SAGRADO

SEXO SAGRADO

SEXO SAGRADOPor: Beatriz Ontaneda Portal.
ontporma@ec-red.com

No existe en la naturaleza fuerza más misteriosa y portentosa que el sexo.
Pero aunque todo el mundo lo practica como si fuera al gimnasio, pocos son conscientes de las puertas que el sexo es capaz de abrir.
Veamos algunas ceremonias rituales primitivas que emplearon esta fuerza indomable como parte de su liturgia. La muchacha de mejillas color durazno entró a mi habitación con los pies descalzos. Llevaba un sari transparente de seda dorada. Tímidamente sacó de su alforja una estatuilla de un hombre-elefante, que ella llamó Ganesha y le prendió incienso. Entonces empezó a bailar, sin que yo le dijera nada. Me dijo que era una devadasi que practicaba el tantra hindú. En medio de mi perturbación, no atiné a reaccionar. Sólo la miraba. Percibí sensualidad por los cuatro costados: en cada uno de los movimientos de sus labios, de sus manos, sus pechos, su pubis como una flor, sus muslos firmes y de los golpes de sus pies contra el suelo. Mientras danzaba, su largo pelo negro se enroscaba con la volutas de humo del sándalo. Poseía la flexibilidad de una serpiente y el magnetismo de un felino. El vaivén de sus caderas y su mirada me lanzaban descargas eléctricas difíciles de soportar. Su danza era lenta y sinuosa. No sé cuánto tiempo pasó, sólo sé que me hallaba bajo su flujo hipnótico cuando se deshizo con delicadeza de sus prendas y en el suelo me poseyó. El mundo se desvaneció. Sólo existían nuestros sexos devorándose. Todo se tornó acuoso y rítmico como una onda marina que sube y baja. Al cabo de un rato, la escuché zumbar casi imperceptiblemente. Lo real, o sea nosotros, adquirió de pronto una extraña densidad, una profunda y abismal intimidad que nunca había sentido antes. Súbitamente, me sentí transportado junto con ella, a la mismísima fuente de donde brota la vida desde el vacío. Parecía fuego. Todo se tornó grande, enorme, terriblemente magnífico. Ella, yo, pero ya no éramos ella y yo. Eramos el dios y la diosa volviendo a crear el mundo en un eterno juego de luz y sombra, para nuestro propio placer.

Tal como lo demuestra la recreación de esta experiencia tantra, hubo una vez, según los mitos de todas las culturas, una edad de oro donde la frontera entre lo sagrado y lo profano no existía. Lo interno y lo externo eran una misma cosa.
A eso las leyendas de todo el planeta le adjudicaron el nombre de paraíso.
Pachayachachic para los incas,
Asgard para los vikingos,
Avalon para los celtas.


En esos tiempos, todo era considerado sagrado en la Tierra, pero el sexo lo era aún más pues era por intermedio de él que podíamos crearse la vida y trascenderla.
El sexo era entonces la puerta de los dioses y la mujer tenía la llave. Por eso, nacieron las diosas en la mente de los antiguos.
Así nacieron las venus paleolíticas como la Venus de Millendorf entre otras. Ella era la que daba a luz, de ella surgían los seres humanos. Por eso había que venerarla.
Es de aquí de donde viene el culto a la Virgen María, que inicialmente proviene del viejo culto a las vírgenes negras.
Ojo, había un fluido femenino en especial que era muy preciado en esos tiempos: la sangre menstrual, considerada poderosísima y por eso temida.
En la India, Kali-Maya invitó a los dioses a bañarse y tomar el fluido sangrante de su útero. Beber esa sangre era beber el alma de la diosa: la sangre del dragón.
Pero un día, en el Neolítico, hubo una escisión que partió como un rayo lo sagrado de lo profano. Y las personas empezaron a olvidar lo que eran.
Entonces, nacieron las ceremonias como una manera de volver a recordar aquella edad de oro, cuando la verdad no tenía velos. Es decir, cuando todo era sagrado.
Fue así que surgieron los héroes masculinos que vencieron a las diosas: por ejemplo, el Marduk babilonio mató a Tiamat. Sin embargo, la divinidad femenina, la Magna Mater tuvo su continuidad religiosa a través de Isis, Nut, Maat en Egipto, Ishtar, Astarté y Lilith en la Fértil Medialuna, Démeter, Koré y Hera en Grecia, y Atargatis, Ceres y Cibeles en Roma. Y más tarde en Shekhina de la tradición cabalista hebrea.
Volver a recordar lo sagrado se convirtió en el eje de todo rito. Estar cerca de cosas sagradas contagiaba. Había personas, objetos, lugares y momentos que eran considerados sagrados.
Era el caso del rey.
O lugares como Jerusalén donde las personas peregrinaban para también volverse sagradas. Las plantas alucinógenas y el licor, dentro de un ritual, permitían volver, simbólicamente, a la época dorada. De manera similar existían tiempos sagrados.
La época de la siembra, por ejemplo. Y que mejor forma de fertilizar la tierra que con el sexo mismo, símbolo máximo de vida. Por eso, todos los rituales arcaicos de fertilidad son obviamente sexuales y estaban dirigidos a la tierra, a la gran diosa.

La mujer era el vehículo natural para conectarse con lo divino. Si la vagina fue la puerta de salida a este mundo, también puede ser la puerta de entrada para volver al infinito. De allí que en Mesopotamia, el sacerdote tenía relaciones con la sacerdotisa en una cabaña construida en la cumbre de los zigurats. En los comienzos de la civilización, sólo haciendo el amor, los hombres tenían acceso a lo divino, es decir a la trascendencia. La semilla del sacerdote y el aposento de la sacerdotisa se juntaban con reverencia mutua para crear el puente hacia los dioses. Cuando ello ocurría, toda la colectividad se beneficiaba.
La palabra "puro" viene de "pyro", que significa fuego. Con el paso de los siglos estos rituales fueron perdiendo pureza y la sexualidad olvidó su trascendencia. Al punto que muchos, hoy en día, manipulan el sexo y la religión para sus propios fines proselitistas.


Sin embargo, los rituales de todas las culturas del pasado nos pueden hacer recordar la esencia que se ha perdido. Sexo + espiritualidad = explosión.
Para los sumerios, la virginidad no era bien vista, por eso las púberes eran iniciadas en el Templo de Innana, , llevadas por sus propias madres. Perder la virginidad bajo la mirada amorosa de la diosa, era volverse parte de ella. El celibato era considerado contranatura. En Babilonia, mientras tanto, según Herodoto en el siglo V a.c., toda mujer debía realizar un singular servicio a la comunidad una vez en su vida: "prostituirse" en el templo de la diosa Ishtar. Todas estaban obligadas a hacer el amor con un desconocido, fueran ricas o pobres, feas o bonitas. El extraño daba una moneda que era depositada en las arcas del Templo. Algunas se quedaban a servir permanentemente. Eran las prostitutas sagradas o hieróbulas.
En Creta, Chipre, Toscana y Etruria también existía esta costumbre. De otro lado, en el templo de Khajuraho, India, durante el equinoccio de primavera, se celebraba una fiesta para buscar pareja. Presidía Ganesha, el dios elefante. Las chicas formaban una fila, los chicos, otra y, pintados con kohl en la cara y debidamente vestidos con rica indumentaria, empezaban a danzar. Las bromas y las risas iban y venían. El ritual finalizaba con el coito. El semen era guardado en jarritos para ofrendarlo a los cultivos.
Cabe señalar, que el tantrismo era una corriente filosófico-mística que propugnaba que el lingam (pene en sánscrito) debía ingresar amorosamente al yoni (vagina) para experimentar a Dios. Es, por ejemplo, en el texto del Kamasutra y el Ananga Ranga donde se explica las técnicas de este rito. La idea era retornar a la unidad mediante el deseo sexual. En Bubastis, Egipto, se llevaban a cabo toda clase de festividades sexuales, dedicadas a Bastis, la diosa gato, símbolo del fuego familiar. En Grecia, los misterios de Dionisios se festejaban entre la música de la cítara, el vino, los ditiritambos y las danzas. Las Bacantes y los faunos se colocaban pieles de ciervos, leones, serpientes y toros y coronas de hiedra, hinojo y álamo y se entregaban en los bosques al culto orgiástico a Dionisios, el dios del delirio místico. Con el tiempo, este ritual degeneró sangrientamente. Los misterios de Afrodita también terminaban en orgías, previo baño ritual y danza con un falo de piedra con sal en la mano. Las hetairas eran las prostitutas sagradas.

Asimismo, los Misterios de Eleusis se celebraban en setiembre y eran la representación del rapto de Perséfone por Plutón. Al final se consagraba una orgía en el nombre de Démeter, la diosa de la agricultura, madre de Perséfone (también llamada Kore y más tarde Proserpina por los romanos).

Cabe realizar una anotación: más allá de los juicios de valor de ésta época, las orgías eran sólo una forma, no la única que tenían los antiguos de buscar una experiencia con lo absoluto. Para ser más exactos, cabría preguntarse si las orgías del pasado eran lo mismo que las de ahora. Es un interrogante.
Quizá, en sus inicios las orgías eran simbólicas, es decir, una fiesta común con un espíritu colectivo común y espontáneo, no necesariamente carnal. De otro lado, los saturnales eran las festividades romanas más escandalosas de aquella época. Era el despelote total. Se celebraban entre diciembre y enero en honor a Saturno (el dios de la época de oro). Los siervos comían en la misma mesa de su señor, se ponían su ropa e incluso hasta lo insultaban. Los hombres se disfrazaban de mujeres y las mujeres de hombres.


Era el caos total institucionalizado una vez al año. Los romanos tomaban como descosidos, al punto que en esos días dejaban de perseguir cristianos, lo que éstos aprovechaban astutamente, haciendo coincidir sus rituales también en esas fechas para que nadie les hiciera nada. Mucho tiempo despues, durante el comienzo de la Edad Media, las mujeres estaban terriblemente inhibidas. De día debían ser sumisas y serviles con su casa. Pero de noche algunas, se deschavaban. Entonces, se untaban el cuerpo con una mezcla de belladona, esperma, opio, sangre menstrual y beleño y se iban al aquelarre, que consistía en estar libres y desnudas en el bosque frente a una hermosa luna llena. Cuentan las crónicas que dentro de esas fiestas alocadas las "brujas" besaban el ano de un macho cabrío. Inicialmente fueron ceremonias de fertilidad a los dioses de la naturaleza. Después se les achacó el adjetivo de "satánicas" sólo por ser la competencia de los cultos católicos. Así es la historia oficial, siempre la cuentan los "vencedores" y ellos dicen quienes son los buenos y quienes los malos.

De otro lado, estaban los alquimistas, que realizaban una mixtura de sal, azufre y mercurio para encontrar la piedra filosofal y así transformar el plomo en oro. El punto es que el laboratorio de trabajo para realizar esa transmutación de lo inferior a lo superior era nada más y nada menos que el sexo.

Y en el Perú, según el arqueólogo Federico Kauffmann-Doig, los antiguos peruanos empleaban el sexo con la idea de manipular los fenómenos naturales. El Perú posee y poseía uno de los climas más accidentados del mundo. El Fenómeno del Niño es antiquísimo. El erotismo en los huacos Moche y Vicus es aparente, pues la finalidad real era la magia. Sin embargo, el cronista Santa Cruz Pachacuti se escandalizó al ver las costumbres sexuales locales. Decía que los indios eran unos corrompidos y borrachos. Como si los españoles hubieran sido unos santitos

Más de 10 cosas que debo hacer antes de morir

por: SANDRA TEXEIRA

1.Llegar, toda vestida de cuero y con un látigo en la mano, al consultorio de aquél psiquiatra que alguna vez me dijo que era masoquista y decirle: CÚREME, DOCTOR, CÚREME!!!!!

2.Decirle a alguien TE AMO sin tener que pensármela tanto.

3.Aprender a cocinar algo más que una sopa ajinomen.

4.Encontrar a mi tutor de quinto grado, del cual estaba perdidamente enamorada, y susurrarle al oído: “¿Cómo está profesor?”, mientras el me mira con ojos lascivos y me dice: “Sandrita, cómo has cambiado”
5.“Conocer” (vaya eufemismo que utiliza la Biblia) a un hombre negro. Cómo me gustan los negros, que derroche de sensualidad!!!!
6. Rebajar 5 kilos y ponerme un mini bikini en la playa mientras miro coquetamente a todos los hombrecitos que caminen a mi alrededor.
7. Confesarle a mi mejor amiga que una vez besé a su novio porque me sentía recontra celosa de que él haya podido "sentar cabeza" estando con ella y no conmigo.
8. Hacer todas las posturas del kamasutra en una sola noche y con una sola persona, aunque mientras más mejor, no?
9. Tener un affaire con un hombre extranjero, si es ruso mejor. Me encantan los acentos extravagantes.
10. Volver a ver a mi primer amor y decirle mirándolo a los ojos que nunca lo he podido olvidar, que pienso en él frecuentemente, que a veces siento que jamás debí terminar esa relación porque tal vez ahora tendríamos un depa, un perrito llamado Blackie y dos hijos lindos igualitos a él. Ah, y decirle también que nunca me he vuelto a enamorar así, limpiamente, sin medidas y sin miedos.
11. Subir con Miguel a una montaña rusa para que deje de temerle a los juegos mecánicos.
12.Llamar a XXXX a media noche y decirle que lo extraño mucho, que estoy segura que nunca en mi vida encontraré a nadie como él. Pero donde no nace, no crece… Así es la vida de gris.
13. Ponerme regia y buscar a ese novio que me terminó y decirle: “Mira de lo que te perdiste, huevón”
14. Tratar de no ser tan celosa, aunque pensándolo bien ¿para qué?... por algo dicen, piensa mal y acertarás.
15. Confesarle a mi viejo que la marihuana que encontró hace años era mía y no de mi hermana.
16. Decirle a mi prima que fui yo la que le dije a su mamá que salía con ese tipo casado.
Gritar avergonzada que vivía enamorada de Benji, el de Supercampeones.
17.Decirle a mi compañerito de colegio, el que iba conmigo en la movilidad, que guardé todo un verano un globo morado para él porque lo quería mucho pero que nunca se lo di porque de pronto se olvidó de mí y dejó de hablarme.
18.Poder tomar una copa de bailey’s cada tarde mientras estoy sola en mi casa o entrar totamente sola a un bar cualquiera y pedirme una chelita helada sin sentirme como una borracha solitaria que no tiene con quien beber.
19.Contarle a mi enamorado que el golpe que su mejor amigo tenía en el ojo esa vez se lo hice yo cuando trató de besarme estando borracho.
20. Ponerme ropa interior roja sin sentirme media "putona" o mejor aún conocer a un tío que me obligue a usar pequeñas braguitas rojas y de encaje. Qué perversión!!!
21. Confesar que no me gusta bañarme todos los días.
22. Intentar ser feliz por sobre todas las cosas


MAÑANA NO HABRA CUCULIES

MAÑANA NO HABRA CUCULIES


por Roxana Ghiglino Gonzáles

Desde el día de la masacre Gabriel no dejó de soñar que perseguía un ojo sanguinolento que escapaba de sus manos volando hasta el infinito. Aún recuerdo el corral embarrado con cuerpos torturados de cuculíes y la pestilencia de su sangre púrpura empapando de lágrimas mis noches lejanas.

Huambo no sería el mismo desde aquel día en que inexplicablemente la hallamos junto a los animales, habían cientos de cuculíes que picoteaban sus piojos y adornaban su cabeza con excremento. Pensamos primero que era un árbol, pero al apartar las aves notamos a la niña como de 12 años que dormía de pie con las manos extendidas. Mis padres la dejaron en el corral para quedarnos con las cuculíes, nadie le puso nombre y siempre fue “la wambra”.

La desgracia ocurrió un martes, amanecía y toda la casa oyó gritos siniestros provenientes del patio, corrimos desesperadamente y encontramos a Gabriel, el mayor de seis hermanos, revolcándose en el piso mientras las cuculíes le arrancaban los cabellos, mis padres pidieron auxilio y rápidamente la casa se llenó de gente con cuchillos o piedras para destripar a cuanta cuculí se encontrara en el camino.

En el fragor de la batalla nadie reparo en la wambra, excepto yo que la encontré tirada en un rincón, llevaba el vestido destrozado dejando al descubierto sus pezoncitos y su sexo colorado ...entonces entendí todo. Hace un mes, Gabriel se había llevado a la loquita del pueblo a un riachuelo, ahí la desnudo sin clemencia y la desfloró violentamente, mientras le gritaba al oído: loca y puta.

En el pueblo nadie le creyó a Romina, pensaron que era una invención de su mente perturbada. Desde entonces viendo a la loquita enloquecer más, deteste a mi hermano y el día de la fatalidad, Gabriel regresaba borracho de la fiesta en honor a la mamacha del pueblo y quiso aprovechar la eterna somnolencia de la wambra.

Al finalizar la carnicería descubrimos horrorizados que Gabriel estaba tuerto, una cuculí le había reventado el ojo izquierdo, entonces, la injusta decisión de arrojar a la niña al abismo fue unánime. Mi llanto no contaba para los mayores, papá me dio una cachetada atroz y asistí en silencio con todo el pueblo hasta el cerro donde dos indios fornidos alzaban a la wambra por los aires y la arrojaban hacia donde yo no podía alcanzarla.

La observé caer lentamente como una retama, como si fuese un sueño imposible, como si nada en el universo existiera. Creí que me moriría de pena cuando aquello sucedió: una nube de cuculíes en el cielo infinito de Huambo, un poema de plumas que se la llevo eternamente con los astros y yo nunca volví a encontrarla, simplemente el tiempo y la gente hicieron de la wambra y sus cuculíes una leyenda y yo la dejé en aquel lugar donde un niño abandona sus recuerdos.

FIN

Vocabulario:

Wambra: niño(a).
Huambo: centro poblado cercano a Recuay.
Cuculí: tipo de ave.
Mamacha: santidad de un pueblo.


GANADORA DEL I PUESTO DEL II CONCURSO DE CUENTO BREVE CONVOCADO POR VASOS COMUNICANTES.