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AUTOSCOPIA

RÓTULO EN BLANCO

RÓTULO EN BLANCO

mis días sin verte me hieren tanto como cien látigos cortando el aire y la piel de mis cuadros abstractos. Sin ti la inspiración inicia su interminable huelga, distingue apenas un lapso de tiempo para una tregua que no dura una milésima de segundo, que no considera ninguna hora del día. Eres la luz al final del túnel; el claror de la luna iluminando esta noche oscura que se asemeja al mar de mis recuerdos. No consigo derribar la muralla que me impide llegar hasta ti y proyectar uno a uno mis versos, hacerte saber que tus pequeñas manos son parte indispensable de mi cuerpo, que sin ellas soy incapaz de escribir algún poema o pintar un cuadro con tu rostro nítido. No puedo / no puedo / no logro cerrar las ventanas de la nostalgia… Tu ausencia es visible en mi cubículo de ladrillos y sueños. Es la primera vez que mis páginas están en blanco, con un lápiz danzando entre mis dedos, sin saber qué hacer, sin depurar la concentración y dar apertura a mis sentidos. Tampoco he conseguido pintar nada. Mi mente divaga en los rincones llenos de polvo y ceniza, como un fantasma amarrado por helechos de aire.


No sé si dejarme llevar por tu persistente imagen. Sería una buena opción construir algún poema con tu sabor transparente o pintar mi próximo cuadro y exponerlo con el mayor orgullo del mundo en la galería de la rue de Seine, antes de llegar al parque donde nos conocimos por vez primera. No veo la hora de estrechar tu pensamiento con los tentáculos de mi alma. Si introducirme en el arte es suficiente para detener los minutos y poder abrazar con emoción tu aliento lo haría, cada noche, cada madrugada, con tal tener finalmente frente a mis ojos el rostro de la muchacha que me hizo comprender que los cerezos tienen un agradable aroma y que las conversaciones en los parques ayudan a conocernos mejor.

Casi siempre evoco con intensidad aquel día: quisiera que se repitiera las veces que sean necesarias, jugar a mi antojo con los relojes, para poder estar tranquilo y contar de manera indefinible con el albor de tus ojos negros; pero ahora… ahora que la soledad me encierra en una cúpula y vierte su sangre alrededor, sólo me queda dibujarte en mi lienzo imaginario, construirte con mis palabras míticas, elaborar con versos tu larga cabellera y llenar tus días con mis relatos e historias. Por tenerte de vuelta en mi regazo haría lo imposible. Todo con tal de palpar una vez más la fuente que recibe el calor de tu mirada, la efusividad de tu sonrisa, las esencias entrelazadas y el significado que tienes acerca del alba y el crepúsculo.

Ch. 10-02-2006


CONTEMPLACIÓN

Su mirada me inquieta, sus ojos parecen inspeccionarme con minuciosidad, buscan algo en lo más recóndito de mí, no me abandonan. No cabe la menor duda: aquel joven me observa, me acecha en silencio, lentamente… Al principio me halagó un poco ser el centro de su atención; pero, al cabo de tanto rato ya, aquello me pareció un poco incómodo. Ni sus cálidos ojos oscuros ni su piel trigueña abrillantada por el haz de luz que penetraba por los vidrios multicolores de la ventana eran suficientes para conquistarme. De una simple mirada no nace una relación amorosa formal, sin embargo, el inquietante destello de sus ojos me daba la facultad para avizorar un posible acercamiento de su parte. No pasó ni medio minuto de mi repentino ensimismamiento, cuando lo vi voltear de donde estaba y acercarse, con pasos lentos, graduales, hacia donde yo me encontraba. Una correntada de emoción me estremeció por completo. A medida que se acercaba, iba urdiendo la manera más adecuada de presentarme: “¡Hola! ¿Cómo estás? Me di cuenta que me estabas mirando…”. No, no, debo esperar a que él tire la primera piedra. Sí, eso debo hacer: hacerme la interesante, no hablar hasta que él lo haga. Su presencia me amilanó fácilmente: no pude decirle nada cuando lo tuve al frente. Él tampoco lo hizo. Eso me alivió: no era la única que estaba muriéndose de nervios. El joven se limitó a observarme, ni siquiera intentó saludarme, darme la mano: sólo observaba. Sentí, por un instante, que, sin decir una palabra, nos estábamos ya conociendo. Repentinamente, se alejó un poco de mí, dio media vuelta y llamó al señor que estaba atendiendo en la galería. Éste se acercó a paso ligero, le preguntó en qué le podía servir y él, con una sonrisa a flor de labios, me miró fugazmente y le preguntó, señalándome con un dedo: “¿Cuánto vale este retrato?”.

Ch. 05-04-2005 Christian Ahumada

Festin

Festin

Mi placer exquisito me ha desterrado me ha condenado a tu amor de insecto;
Pequeño animalito que bailas por mi piel, intentando extraer la sangre. Mi placer me ha condenado a ser tu esclava. Mi huella abre paso y tú estás seguro en tu baño de sangre, mi sombra es demasiado grande ya no la sostengo….tú zumbido aguarda el festín

Mary Carmen Ponce García

Mary Carmen Ponce García

La felicidad se mide con un hilo,
un hilo que teje la araña.
En el intento salpiqué de sombras mi rededor.
Ahora estoy dispuesta a hacer un sacrificio,
el único.
Mi viaje ya está arreglado,
mi boleto doblado en el bolsillo,
mi mochila vacía.
Ya no necesito nada,
sólo mis recuerdos.
Así sabré que mi arco iris pudo brillar un día.


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Mujer elástico, mujer resorte,
me miras y uno de tus 20 ojos
suelta una lágrima de añil hiel.
Eros tira de ti hasta hacer
tronar tus huesos.
Me miras y otro de tus 20 ojos
suelta una lágrima de dulce arcilla.
Cómo hacer para que tu cuerpo espiral
no se dispare al purgatorio.
Me miras y uno más de tus 20 ojos
suelta una lágrima de negra sal.
Un ángel jala al otro extremo
y tu cuerpo de caucho
cae a un camastro de faquir.
Tus 20 ojos observan al ángel
y a Eros devorar tu corazón
y sólo hay lágrimas de acre silicio.
Mujer elástico, mujer resorte,
masa entre púas.
Tanto tira tanto empuja
y el único ojo vivo que te queda
me mira y suelta un lágrima
de ácido muriático.


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Grises sueños de concreto vagando sin piedad
en un presente que jamás llega,
tristes ventanas agrietadas mirando sólo hacia atrás.
Sentada en un vehículo de orcos sólo veo sus reflejos.
vestidos con donaciones de la Molina o Monterrico;
ahora harapos sucios, malolientes,
infestados de limosna, de periódicos y frío.
Esternones vacíos, profundos y oscuros.
Espinazos sin carne con piel de otoño.
Diciembre será siempre julio.
El orco joven se aproxima,
quiere tomar al sol con sus manos
pero lo deja ciego de tanta estupidez;
mientras que el orco viejo
juega a ser dios con nuestras vidas.
Y pienso que Avalon debería estar más cerca que un mito;
vendería kriptonita con una escálibur de regalo.
Quiero vestirme de superhéroe
y, mano a mano con un elfo,
acabar con tanto orco que ha infestado la ciudad.
Y otra vez veo sus reflejos
es julio
es julio
es julio.
Grises sueños de concreto
que intentan tomar al sol con sus manos coladeras.
Aún tengo guardada mi escálibur en la mochila,
mi amigo el elfo ha perdido su arco
y mi ropa de superhéroe me desespera colgada en el closet.
El orco joven le sonríe al orco viejo,
mostrando ambos unos dientes putrefactos.
Y yo suspiro
y aún pienso que Avalon debería estar
más cerca que un mito.


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Nacida de una quimerha

A Mafalda la parí yo,
Quino se la copió.
Boquita de fresa con limón,
tus ojos acuarela
van pintando mi café de la mañana.
Tus tibios tentáculos
aprisionan mi demencia y soledad,
transformando mi pétrea oscuridad
en rubíes danzarines.
Tus alas de mariposa
que plancho cada noche
te han convertido en una superpoderosa.
Tu lengua fosforescente lo sabe todo,
cebollita que adereza mi súbita impotencia
Conocía tu universo,
ahora lo miro desde lejos,
con ojos de Platero.
Temo a tus giros reversos e inversos,
que me empujan, me atan y me cuelgan de los pies.
Nadas junto a tiburones en el charco del jardín.
Tomas té con el canario de la abuela.
Algunas tardes danzas con luciérnagas
que escaparon de una manzana.
Mafaldita tengo tu primer viaje a París
junto a mi casting en Broadway.
Tu segundo par de alas, mi demencia y soledad
en la maleta con ruedas.
Pongámonos los patines
y que los tiburones se sequen con el sol.


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Mudanza

He alquilado el pequeño agujero en la pared,
me mudaré hoy,
con el fantasma de mi clon.
La Santa Inquisición ya dictó su sentencia.
Me sacarán los huesos por los poros de la piel.

He arrojado mil piedras a mi Goliat y él sólo toca piano en la sala.
Ahora un martillo hidráulico rompe la espuma de mi cerebro
y las esquirlas segmentan mi abismo.
Sigo arrastrando estos pies de gigante...
Esa voz de azufre granizo aún punza su agrio acero
y esta noche soy la mujer de Lot mirando Sodoma y Gomorra.

Desconozco estos ojos de sapo asustado en el espejo.
El bozal de pulgarcito me esclaviza la mandíbula,
y mi oído sangra por la hebilla incrustada.

La persecución de brujas ha comenzado,
y soy la única que mora en este mundo...

El pequeño agujero me espera.
Lo habitaré hasta que el azufre se apague.
Tal vez encuentren sólo mis huesos.

Tal vez
mis huesos
y la hebilla incrustada.


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Paredes, piso, techo blancos me rodean,
puedo caminar de izquierda a derecha,
de arriba abajo,
pero siempre estoy ahí, en el mismo punto.
Una mano me coge desde la luna
y acaricia mis cabellos.
Hades ha enviado un emisario
que me sacude como a un par de dados
y siempre caigo en un dos o un tres.
Blanco arriba, blanco abajo.
Me mareo y vomito con tanta pureza,
ella ha fornicado con el silencio,

y los nuevos amantes me detestan,
han pedido a Zeus por mí.
Mis orejas de murciélago no me sirven de nada.
Ahora soy Atlas del siglo XXI,
mi par ya puede descansar.
Hay fantasmas por todos lados,
que me torturan con inmensas agujas
cada vez que pinto con mis cabellos
tanta pureza de rojo.
Xena vino una vez a visitarme,
prometió que volvería.
Los Romanos la habrán capturado,
porque de eso hace ya muchos años.
Estoy en este interino cubo
porque decidí decir la verdad:
Soy Artemisa.
Soy Artemisa.
Soy Artemisa.

Pero en este cubo blanco mi nombre es 2512;
me llamo como mi cama, como mi ropa,
como mi inodoro.
Son mi única familia,
la otra me compró un pasaje de ida
al Monte Calvario.


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Resumen

Hoy estoy cerrando
esa diminuta puerta que abrí con mi lengua,
después que alumbre a nuestro hijo,
iré a encontrarme con mis parientes,
los que compraron su boleto antes que yo.
La misma araña se empecina con el mismo hilo,
pero Eros hoy tiró la primera piedra
y Artemisa que empezaba a pintar
de rosado su habitación,
sintió destrozarse la espuma de su cerebro.
Ese pequeño agujero me espera,
en la misma pared junto a la araña,
mi excalibur me la han robado y
mi ropa de superhéroe se achicó en la lavadora.
Mafalda dejó escapar al canario
y colgó sus patines en el closet,
sus alas de mariposa comenzaron a volar.
Artemisa reía con palomas
que se posaban en sus barrotes,
pero hoy Eros las envenenó.
Por eso compré un boleto sólo para mí,
la mochila se la dejo a Mafalda,
la llenará con cosas que jamás pude conseguir.
Artemisa quiere escapar
yo le he pedido que me acompañe,
después que le eche llave a la puerta,
le compraré un boleto también.
Taparé el agujero con cera blanca,
le daré un nuevo canario a Mafalda
y espero que Eros recuerde
que a pesar de la piedra y a pesar del veneno
yo quise compartir mi mochila con él.

(Iquitos-Perú 1968) MaryCarmen Ponce García. Es graduada en Ciencias de la Comunicación con el grado de Bachiller en Publicidad. Es actriz de teatro y pertenece al Elenco de Teatro de la Municipalidad de Santiago de Surco. Es miembro fundador del Grupo Literario Claroscuro desde donde promueve la cultura e integrante de Circulo Abierto Editores; integra el taller de poesía de la Universidad Mayor de San Marcos.
Ha sido publicada en la revista de dicho taller, ha participado en el Primer Encuentro de Escritores “Los Nuevos” de poesía y cuento organizado por la Universidad Científica del Sur, cuya antología ha sido editada por dicha universidad, ha sido publicada en la plaquette Claroscuro y en el libro colectivo Claroscuro, en la Antología MP4 publicada por la universidad Garcilaso de la Vega, también en diferentes páginas web como la revista literaria “Letralia” y diarios.
Ha sido invitada a participar en diversos recitales poéticos como en la universidad de la Cantuta, en la universidad Garcilaso de la Vega, en los Viernes Literarios de Quilca, en Antares, en el Bar Yacana; en la ciudad de Huacho, organizado por la Asociación Cultural “Ínsula”; en la Biblioteca de la Huacachina ubicada en la ciudad de Ica organizado por Cesar Panduro de la Universidad de Ica y Alberto Benavides presidente de Antares y el XI Encuentro de Escritores y Artistas organizado por el Consejo Nacional Todas las Sangres, en la ciudad de Tarapoto, donde su poema "Nacida de una Quimerha" ganó el segundo lugar en el concurso organizado para dicho evento.
Prepara la publicación de una colección de sus poemas y un libro de cuentos.


ORIENTACION

ORIENTACION

al principio sólo llovía cuando ella se iba
era el tiempo en que habitaba la alegría sobre la sombra
ella estaba casi siempre
se movía entre el escritorio y la alcoba
entre el jardín y la terraza
entre la piel y el deseo

un día se fue al mar
ese día llovió como nunca en lima
al volver me dijo
"acábate esa copa y ven a la cama"
esa noche la luz se salió por los ventanales
amaneció desde nuestra casa para el mundo

en la tarde se fue de compras y volvió a llover
fue entonces que comprendí
que sólo llovía cuando ella se iba

apilados pasaron los días
hilos de colores películas canciones y copas

un día en la terraza me dijo
"mira en lontananza cómo se muere el tiempo"
yo le dije que no se preocupara
que el tiempo agonizaba en el infinito
y ella contestó que la vida sólo podía estar lejos
la luz comenzó a irse aprisa
la noche se hizo larguísima
las calles amanecieron mojadas

pocos días después mientras cenábamos me dijo
"mira"
era la lluvia jugando en la ventana
"ya ni la soledad puede ocultarse de los demás" , sentenció
esa semana llovió lunes jueves viernes sábado
de tarde y madrugada con ella y sin ella llovió

terminé de confundirme por completo
ahora llovía a cualquier hora de la casa,
ya no quise entender
porque al principio sólo llovía cuando ella se iba
pero ahora llueve por cualquier cosa



niña (versión ligera)


para Erika Quicaño Jara


niña, si abres la ventana del mar esta noche,
si abres esa ventana por ejemplo,
jugando a ver azul distante entre el agua y el tiempo,
puede que los marineros dedicados a la pesca de luces
ya no quieran regresar a tierra confundiendo marea con labios

y tú sabes muy bien, niña,
que el mar es cuadrado como un jazmín de papel,
y sabes de igual manera que los hombres de mar
no diferencian entre paso y beso, como niños, niña
y menos esta noche
en que me observas desde tu ventana,
abierta de par en par como un abrazo
o tal vez sea sólo un espejismo santo

ves, los marineros no diferencian entre marea o labios,
amor o naufragio
niña, pese a la tormenta no cierres tu ventana,
nunca cierres tu ventana,
porque el mar respira cuando tú miras
y yo te miro y me confundes y me hundes
hasta el azul distante entre el agua y el tiempo.

niña si abres la ventana del mar otra noche
y sigue la tormenta de marineros confundidos
y sigo ahí deleitándome ahogándome
en una ilusión de labios inexplicable
levanta el brazo has una mueca agita el pañuelo:
salúdame con tu saludo niña y no detengas la mentira

nunca detengas la mentira


NORMAN MENDOZA

HOY TEN MIEDO DE MI

HOY TEN MIEDO DE MI

Hoy que llevo en la boca el sabor a vencido
procura tener a la mano un amigo que cuide tu frente y tu voz
Y que cuide de ti, y para ti tus vestidos
y a tus pensamientos mantenlos atentos y a mano tu amigo

La importancia de verte morderte los labios de preocupación
es hoy tan necesaria como verte siempre
como andar siguiéndote con la cabeza en la imaginación
Porque sabes, y si no lo sabes, no importa,
yo sé lo que siento, yo sé lo que cortan después unos labios
esos labios rojos y afilados
y estos puños que tiemblan de rabia cuando estas contenta
Que tiemblan de muerte si alguien se te acercara a ti.

Hoy procura que aquella ventana que mira a la calle en tu cuarto
se tenga cerrada, porque no vaya a ser yo el viento de la noche
y te mire y recorra la piel con mi aliento
y hasta te acaricie y te deje dormir
y me meta en tu pecho y me vuelva a salir
y respires de mí...

O me vuelva una estrella y te estreche en mis rayos
y todo por no hacerme un poco de caso
ten miedo de mayo
y ten miedo de mi

porque no vaya a ser que cansado de verte
me meta en tus brazos para poseerte y te arranque las ropas
y te bese los pies
y te llame mi diosa
y no pueda mirarte de frente
y te diga llorando después:
por favor tenme miedo
tiembla mucho de miedo mujer
porque no puede ser...


SUMA ENTREVISTA

SUMA ENTREVISTA

La vida y el arte constituyen un solo tejido, existencia y creación que se purifican en el corazón de Jorge Eduardo Eielson (Lima, Perú, 1924), uno de los artistas más totales e innovadores de nuestro continente. Radicado en Milán, Italia, desde hace medio siglo, este sumo creador se acerca, a través de los puntos de intersección que establece entre su pintura, poesía, narrativa, escultura, performances, instalaciones varias, a lo que podríamos llamar una matriz celeste (que él ha nombrado “matriz musical”) que no sería sino un espejo de ese “paisaje infinito” al cual pertenecemos como especie. Al igual que el universo teje una red de relaciones dinámicas en constante movimiento para crearse y recrearse, la matriz de Eielson no es estática. Cada lenguaje en que el autor se expresa cumple una trayectoria espiral, un acto ritual cósmico, definitivamente, vivo.
“Nudos que son sombras / De infinitos nudos / Celestes / Divinos nudos nacidos / Entre dos manos / Unidas”, la obra de Jorge Eduardo Eielson, por su aporte universal a la visión del arte, va más allá de los reconocimientos convencionales


Vida
Paisaje
Infinito
Poesía
Eielson

Ha mencionado que a través de los lenguajes en los que se ha expresado no busca, como concepto intelectual y definitivo, un “arte total” y, como consecuencia, un objeto artístico totalitario sino una exploración de los límites de dichos lenguajes ¿Cómo es el proceso creativo para lograr estas expresiones?
Lo que usted dice es cierto, nunca he buscado una forma de arte total. Ésta es una reducción al mismo tiempo reductiva y pretenciosa, que no quiere decir nada. Dejando de lado, con el debido respeto, la utopía romántica de Wagner y Goethe, me atrevería a decir que esa opción hoy se realiza plenamente en el espectáculo. A partir de la ópera y el ballet, hasta los videoclips comerciales y los trabajos de Robert Wilson, la multimedialidad es un lugar común para una gran cantidad de sucesos que muy poco tienen que hacer con la exploración artística. Personalmente, lo que siempre me ha interesado es el hallazgo de una suerte de núcleo o matriz dinámica (como usted muy bien lo ha entendido) que me permitiera expresarme en cualquier lenguaje o código artístico. Para eso, evidentemente, hay que tener algo que decir de propio, cosa de la cual no estoy muy seguro, y además tomar distancia de la historia y de un subjetivismo todavía demasiado prioritario en el campo artístico.


Camisa, ensamblaje 1964

Tuve la suerte de crecer en una familia amante de la música y fui amigo de algunos jóvenes compositores que habían estudiado con Monegger, Messiaen y Schoenberg, hacia mediados de los 40. Luego, yo mismo viajé a París y más adelante me radiqué en Italia. Conocí a Luigi Nono y algo a Luciano Berio. Pero ya antes me había cruzado con los tres Pierres de Francia: Pierre Boulez, Pierre Henry y Pierre Schaeffer, en la época de la música concreta y después electrónica. Algo más tarde, paralelamente al serialismo musical, descubría el trabajo de John Cage, con su gozosa propuesta aleatoria, y estas dos posiciones, contrapuestas y complementarias, fueron determinantes para el encuentro de mi propia vía. Cuando fui invitado a anudar todas las banderas del mundo en los Juegos Olímpicos de 1972, en Munich, pensé en recurrir al bellísimo “Canto de la Juventud” de Stockhausen para la fase final de mi performance, cuando quemaría todas las banderas en un gran anillo. Desgraciadamente, esto último no pudo realizarse debido a los trágicos eventos terroristas que interrumpieron, por voluntad de los artistas, la parte cultural de la manifestación. Si le cuento todo esto es para decirle que mi búsqueda, o como quiera llamársela, no ha sido sólo una aventura intelectual sino una instintiva forma de concebir la creatividad como algo inseparable de la vida real. En cuanto a si he logrado algo que se acerque más a esta actitud interdisciplinar, pues bien, primero yo no aplicaría este término a la creación artística y, segundo, no, no “he logrado” nada. No se logra nada trabajando de esta manera. Es decir, se pueden hacer varias cosas que correspondan a lo que se llama arte, pero no se logra nunca nada definitivo, puesto que se trata de un proceso, si queremos llamarlo así. Éste es el problema con nuestro lenguaje verbal de Occidente, que no posee la infinita gama de matices del oriental, incluida su maravillosa caligrafía, a caballo entre lo visual y lo verbal. Por eso, yo diría que lo que estoy haciendo ahora es lo mismo de siempre. Quizás en un peldaño algo más alto de la infinita escalera, pero es todo.
¿Acaso la música no es la medida
La suma total de cuanto existe
Y nuestra propia vida sólo el sonido
De una orquesta que se afina noche y día?


Cabeza de Chamán, 1985. Acrílico sobre tela. 200 x 200 cm.

¿En qué momento de su trayectoria creativa concibió la interdisciplinariedad o cómo se fue dando ésta?
Desde niño comencé a hacer cosas, no recuerdo cuál primero que la otra, eso no tiene importancia, y he continuado siempre así. El hecho de ser autodidacta, latinoamericano, y de tener ancestros peruanos, españoles, escandinavos e italianos me ha ayudado mucho. Todos los americanos, sobre todo los del sur, que provenimos de culturas más antiguas, nacemos ya multiétnicos y multiculturales. Es decir, somos mestizos, y ésa debería ser nuestra fuerza y nuestro orgullo.


Réquiem por Marilyn Monroe, 1962. Ensamblaje, 90 x 90 cm.

A la par de que se define como artista plástico en esencia, también ha manifestado que su visión integral responde a una “concepción poética” del arte…
Para mí, arte y poesía son los dos aspectos de la misma medalla sobre la cual se sostiene todo el fenómeno artístico-creativo. Y no vamos a detenernos, como ya lo observé antes, en cuestiones específicamente ligadas al lenguaje verbal occidental. No sólo no tengo la competencia sino que sería demasiado aburrido. Sencillamente yo creo en la belleza así como otros creen en Dios, en la realidad socioeconómica o en el demonio. Y cuando digo belleza no me refiero sólo a la belleza formal, artística o natural, sino también a la del puro pensamiento, a la suprema elegancia de algunas teorías físicas y filosóficas y, sobre todo, a la belleza de un corazón puro, generoso, altruista, lleno de amor y compasión por todas las criaturas de este mundo. Desde este punto de vista me considero un privilegiado. Hace ya varias décadas tuve un gran maestro de budismo japonés, de la escuela zen soto, Taisen Deshimaru, que me descubrió lo que realmente era, y además me reveló (esto es lo extraordinario) que ya tenía un verdadero maestro a mi lado, es decir un guía, aunque al mismo tiempo era mi mejor amigo y mi hermano, el pintor Michelle Mulas, como lo fue también el poeta Javier Sologuren, a quien debo mi existencia literaria, pues fue él quien generosamente quiso publicar mis primeros poemas, apenas los leyó. Ninguno de estos seres maravillosos está ya en este mundo, pero yo trato de seguir la senda que ellos me trazaron, y la seguiré hasta el fin de mis días.

En la poesía como en la vida
Lo principal (hay que ser inteligente)
No es lo que se queda
Sino lo que se va
Como amablemente enseña el oriental
Y como felizmente he llegado al final.

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Carta a Las Sumas Voces


Con la sensibilidad y sencillez que lo caracteriza, Jorge Eduardo Eielson, pese a su frágil estado de salud, nos envió una hermosa carta llena de Amor, que ahora compartimos con todos sus sumos hijos y lectores…


apareces
y desapareces
eres
y no eres
y eres nuevamente
eres todavía
blanco y negro que no cesa
y sólo existes
porque te amo


te amo
te amo
te amo
te amo

Revista “Las Sumas Voces”
Trujillo. Perú.


Queridos amigos,

Vuestra carta me ha conmovido profundamente y me ha llenado, al mismo tiempo, de alegría y de tristeza. La primera, porque siento que a través de ustedes, lo poco, lo mínimo que he hecho en este mundo, comienza a germinar, y la segunda porque me es materialmente imposible ahora responderles y mucho menos viajar. He recibido invitaciones de todo tipo en estos tiempos […] pero no es posible atender a ninguna de ellas, debido a mi precaria salud. Incluso he tenido que renunciar a la Bienal de Venecia, que está aquí cerca, por la misma razón. De manera que les pido que tengan clemencia con mi estado actual y no piensen que me niego a tan hermosa iniciativa, como la es de ustedes. Conozco Trujillo y, sobre todo, Chan-Chan, y guardo de este último lugar un recuerdo imperecedero. No conozco, en cambio, el Museo de las Tumbas Reales, y haría cualquier cosa por visitarlo pero, una vez más, tengo que rendirme a las realidades de la vida. Cosa que ustedes, afortunadamente, todavía no conocen, aunque crean conocerlas. Pero, dejemos estas cosas y veamos más bien el lado bello y luminoso de las cosas. Y allí están ustedes con toda vuestra maravillosa energía juvenil, con vuestra confianza en la vida, en la belleza y, sobre todo, en el amor, esa potencia suprema sin la cual ninguna inteligencia humana tiene sentido. Ustedes me colman de afecto y generosidad y ello me asegura un viaje final perfectamente sereno. Y, créanme, aunque no pueda viajar, yo estoy siempre muy cerca de ustedes, y ahora más que nunca. Sólo mi pobre, maltrecho cuerpo está aquí.

Milano, Italia.

http://lassumasvoces.com/edi11/005_11.htm

EL DIA DE LA MANDRAGORA

EL DIA DE LA MANDRAGORA


Desperté temprano, a esa hora en que bosteza el horizonte. Alargué mi cuello hacia el día claro, por entre ventanas y celosías. Respiré perezoso. Hasta que lo vi...

¡A Él!

Sus dos manos llanas naciendo del vientre de su túnica ya no están. No son más. Primero parece que rugió como un perro del infierno. Yo barrí esas lagañas latigudas con las lágrimas de mi mejor llanto para ver mejor. Y vi mejor. Vi, en lugar del sol, un inmenso reloj cuyas manijas giraban enloquecidas, y detrás de ellas un espectro atrapado en las horas que reía y lloraba. Reía y lloraba.

Cerré la ventana por donde había mirado sin creer y cerré la puerta por donde había salido sin querer. Cerré mis ojos para gritar: ¡Dios!

Me puse mi sombrero y salí. Al poco rato de cruzar la calle un trueno partió el cielo y desató la lluvia. Se escuchó una voz como cuando lo llaman a uno por altavoces, diciendo lejana de entre las nubes:

- Usted don Alberto Quilapán, a sus 27 años ha gastado X millones de toneladas de aire, Y millones de pares de pisadas de zapato y Z millones de kilómetros cuadrados de siembras de trigo para el pan de cada día. A la sazón y contabilizando todos los recursos invertidos en su humanidad, se ve usted en la obligación de responder con una descendencia no menor a 4 vástagos que a la vez respiren los suficientes millones de toneladas de aire como para que deban por ende engendrar los hijos suficientes que cubran dicha deuda. También tendrá que encausar no menos de ¾ de los millones de pares de pisadas hacia las puertas del altar del trabajo, todos los días de Lunes a Viernes en horario de oficina. Allí apretará las teclitas que le serán debidamente indicadas por citófono. Y por último tendrá la alternativa de labrar los Z millones de kilómetros cuadrados de siembra de trigo que usted consumió para alimentar a sus hijos. En el caso que usted entere los estoicos 33 y no haya engendrado esos hijos, ni avanzado esas pisadas ni labrado dicho trigo, vivirá cada día perpetuamente y sin variación la jornada que hoy comienza.

Entonces me escapé.

Tomé la micro que corría en el sentido contrario a la dirección de mi trabajo y una vez arriba me sentí algo más aliviado. La ciudad soñó por un rato.

- Hasta aquí nomás llegamos, amigo – dijo la voz al volante -.

Así que me bajé.

Mas cuando puse los dos pies en la tierra elevé la vista y el mismo maldito reloj giraba sus manijas sin ton ni son. El espectro me indicaba, furioso y burlón, la otra vereda de la calle.

Era mi trabajo.
- ¿Creyó que podría escapar? – tronó el muy infame -.

Sentí que todo se derrumbaba hacia el final. Hasta que me fijé en esa otra puerta que, todos estos años, yo había ignorado altaneramente.

- Hay puros cachivaches adentro – me decían -.

Corrí hacia ella y giré de la manilla con determinación. La manilla cedió y entré a un cuarto negro, como la muerte. Mientras tanteaba en la muralla por el interruptor de la luz di con escobas y utensilios de aseo industrial. Callé, porque pensé que había oído unas voces. Y eran unas voces. Eran de mujer.

Encendí la luz y vi que me encontraba entre dos puertas. Había entrado por la que quedaba a mis espaldas. Ausculté la de enfrente con mi oreja palpitante y confirmé las voces. Una de ellas la reconocí al instante. Era la bella Ludmila. ¡Ludmila preciosa!

Sí, lo confieso. Fue por ella que giré la manilla de la puerta. Aquella revelación que abrió mis ojos al despertar, aquella condena que escrutaba mi tránsito sin rumbo por las calles fue la lágrima que rebalsó el mundo.

Al otro lado de la puerta reía Ludmila; reía con un fuego que dudé en amar a primera vista. No era esa llama sumisa bajo las horas de la oficina. Ahora Ludmila reía con excitante desenfado.

Giré entonces la segunda manilla, entré y cerré la puerta con violencia. En el acto, Ludmila volvió sus dos esferas verde bosque hacia mí. Sonrió mordiéndose la boca caprichosamente.

Sorprendido y mudo, vi que no estábamos solos y que el profundo y afrodisíaco olor a sexo femenino inundaba ese cuarto. ¡Ludmila estaba desnuda! ¡mordíase la boca mirándome, como hallando en mí la panacea de sus deseos!

Yo, como bestia encandilada en la noche, miraba a Ludmila: Manos en la cintura, semejaba una ánfora que vertía en mí su luz fatal de lujuria. Moviendo sus caderas levemente, la esfinge que era ella en ese momento tendió un par de puentes persuasivos con sus ojos, en los que yo adiviné, con una mezcla de excitación y temor, las palabras que soltaría a medida que se me acercara.

- Las mujeres de la empresa estamos de fiesta – dijo mientras me fijaba en la suave cadencia de sus pechos de mármol -.

- ¿Eres acaso la guinda de esta torta? – susurró casi llegando, emanando de ella el recóndito olor del vino -.

Entonces, pudiendo tocarme ya, devoró mi voluntad besándome la boca, abriéndome la boca con su boca y con su lengua húmeda de serpiente. El resto de las hembras, pitonisas desnudas y olorosas, se acercaron a desnudarme al tiempo que Ludmila se apoderaba de mis pensamientos. Calavera fatua.

Voló mi corbata entre las serpentinas. Volaron mis ropas, y así descubrí el tesoro que se escondía al fondo de Ludmila. Sus piernas lunares se entrelazaron en mi espalda y fui el intruso que hizo crujir como una almendra el fruto secreto de sus entrañas.

Ludmila y yo gritamos. Ella, por habernos dado la muerte disfrazada de amor. Yo, al sentir cómo sus jugos me quemaban y huían por los vellos de mi pubis. Y tras ese grito sentí que un nudo de carnes me ataba a ella en su rincón más lejano, en el fondo de la Tierra, para siempre jamás.

Temblando, abrazándola todavía, escuché una solitaria respiración. Y no mentiría si dijera que ignoré entonces de quién era la respiración. La separé de mí con mis brazos y... ¡Santo Dios! ¡La respiración era mía! ¡Qué habíamos hecho, Ludmila!

Contemplando en ella el fantasma de la muerte, me colgué desesperado de la manilla de la puerta. Forcejeé una y otra vez. En eso un murmullo provenía del lugar donde yacía Ludmila. Me di vuelta y vi cómo su cara inerte se convulsionaba en unas risitas apagadas; éstas se transformaron en horribles carcajadas que fueron destrozando la piel de su rostro. En un abrir y cerrar de ojos noté que una iracunda calavera era dueña de esas últimas carcajadas.

Le di una patada a la puerta y, antes de arrancar, di un vistazo a la oficina. Las pitonisas habían vuelto a sus escritorios, desnudas y despidiendo el inconfundible olor a sexo. Como si nada hubiese pasado.

Huí.

- ¿Jubilación querías, zángano haragán? – oí que me increpaba el cielo, percatándome de aquel espectro reloj que escupía sus palabras. Las manijas se habían detenido arriba, clavadas en las 12. Era mediodía.

Debilitado por toda la savia que vertí entre las piernas de mi amada Ludmila muerta, sentí que un apetito se incrustaba en mi pecho como un agujero negro. Además, la rabia al saberme víctima de aquel vejamen, lejos de matarme el hambre, me la despertaba hasta rayar en lo famélico. ¡Habrá alguien experimentado algo siquiera parecido a esa rabia depredadora! Gritaba despacito por las calles. Y miraba a las personas dispersas en esta ciudad de la entropía. ¡Es por ellos también que hago esto, caramba! Me vi exclamando cuando estaba a las puertas del Bar - Restaurant ‘La Pupila Insomne’. Me quité el sombrero y entré.

- ¡No quiero ninguna carta! – le dije al mesero. Pobre hombre, la culpa no era suya. Miró mi resentimiento con ojos así de grandes.

- Tráigame – le pedí -, tráigame por favor la especialidad de tiburón completo. Quiero almorzar.
- Tiburón comple... muy bien caballero.

Sí. Eso era lo que iba a calmar mi hambre ese día deplorable. Porque tenía entre ceja y ceja grabada la ceñuda cara de mi jefe, ese tipejo que chasqueaba sus dedos con prepotencia sobre nuestros moños agachados. Y quizás cuántos otros como él hacían nata en esos ‘templos del deber’ que le llaman. Cabezas de cerdo, cabezas de perro. Con qué rapidez imaginé todos esos matices tamborileando los dedos en la mesa. Mesa coja. Iba a devorar, pues, el símbolo máximo de aquel sátrapa indeseable: su cabeza de tiburón, con sus malditas fauces atemorizantes.

- ¡Cabeza de Tiburón! – clamé, dándole un puñetazo a la mesa.

Don mesero regresaba a disponer todo para mi almuerzo.

- ¿Se va a servirse algo para beber el caballero? – preguntó mientras pasaba un paño húmedo sobre mi mesa.

- Un vino blanco bien frío – respondí -. Y asegúrese por favor de servirme el postre primero y la entrada al final.

La curiosidad se dibujó en el rostro de Don mesero. ¿Cómo iba yo a explicarle que mi jugada maestra consistía en acabar a mordiscos con el recuerdo de mi jefe, que podría ser, por qué no, su jefe también? Menos entendería – supuse – que lo que yo buscaba era quitarle toda posibilidad real de rehacerse, de re materializarse luego desde los residuos digestivos en los que yo me sacudiría la influencia de su autoridad. Por lo tanto lo que yo debía hacer era almorzar en orden inverso, tal como cuando pretendemos retroceder en el tiempo girando en el sentido opuesto del reloj. No pude evitar recordar ese espectro servil detrás del minutero y el segundero.

Tic, tac.

Así lograría yo olvidarme que lo había asimilado a mi cuerpo puesto que el tiempo que ocupara en desmenuzarlo e irme arrojando tiras de su carne a la boca no correría, se consumiría en su girar opuesto ante la corriente implacable del tic, tac. Impediría que resucitara él y su poder desde mis desechos fecales.

Afortunadamente mi semblante irritado alejó a Don Mesero de cualquier pregunta.

Comí primero la compota de ojos y dientecitos cocidos de tiburón tierno.

Después degusté unos suculentos filetes de tiburón blanco con sus vísceras salteadas en aceite de tiburón. Todo esto regado con vino blanco Carmenière. Late Harvest. Ideal para acompañar la carne de hiena, ornitorrinco y tiburón.

A continuación me serví un exquisito caldillo de letras de tiburón bien caliente. Estaba como me lo imaginaba. A cada cucharada que enterraba en el plato sacaba distintas letras que bailando en la sopa formaban una palabra. La primera decía antifaz. La segunda era tumba. En otra salió arcilla. En otra, flores.

Al llegar la entrada, la misión que me había impuesto me hizo mirar el plato con una avidez que a mí mismo me resultó sorprendente. ¡Ahí estaban, por fin, la cabeza y la cola de aquel bicharraco! Desgarré entonces la carne de sus fauces y entre medio del espinazo. Sentía cómo mis flujos salivales envolvían esa carne en un amasijo blanco que caería esófago abajo hacia los jugos gástricos. Aquellos ácidos lo disolverían para siempre en mí. Y de ahí en adelante sería sólo yo. ¡Primero yo, segundo yo y tercero yo!

Luego de eructar el perfume lácteo de la carne, dejé en la mesa la suma equivalente de mi almuerzo y me retiré del Restaurant.

Arriba, arriba mío y de todo estaba, como siempre, el espectro – reloj que reía y lloraba, y así, empujaba fatalmente a las almas descuidadas.

- ¡Se acabó la hora de colación, señores!¡Está usted atrasada, señorita! – gritaba amenazando con la voz de ultratumba.

- Y usted señor, usted está despedido ¿me oyó? ¡Des pe di do! – despotricó temblando de ira cuando me vio.

No le hice caso. Con la autoridad disuelta en mi estómago me daba lo mismo que el espectro – reloj me despidiera o me excomulgara. Yo podría haberme plantado en la vereda mirándolo desafiante, mientras con una mano me sujetara el pecho y con la otra le advirtiese:

- De ahora en adelante soy yo, ¡primero yo, segundo yo y tercero yo!

Claro que hubiese podido. Pero ¿para qué?

Preferí comprar el diario en un quiosco y dirigirme hacia la plaza a hacer la digestión de ese notable almuerzo.

Por otro lado había que buscar trabajo. Un oficio que me procurara el diario bocado de comida y para que nadie viniera a reprocharme ¡es que tú esto! ¡tú esto otro! A mí la prostitución no era cosa que me interesara. Pero en los avisos de empleo no encontré otra cosa que eso: prostitución. No la del cuerpo. Había quienes se prostituían con su tiempo, sus conocimientos.

‘Se hacen arreglos a las instalaciones del pudor y la vergüenza. Atención a domicilio.’

‘Se legaliza la voluntad de poder.’

‘Se necesitan desmemoriados part time y a tiempo completo. Innovadora compañía importadora de quehaceres postmodernos.’

Solamente al final de aquella sección un título rezaba ‘Relajación e Indulgencias del Cuerpo’. Servicio de sauna y masajes. Seguido de varios nombres de muchachas que atendían aquí o allá.

¡Qué duda cabía que aquello era más noble que cualquiera de las otras extorsiones!

Así supe que el destino me llevaría a ellas. Confirmaría con mis propios ojos y de sus mismas palabras esa hermandad en que éramos hijos de similares designios. Ellas, rameras, pero del cuerpo, no del alma; yo, un pobre diablo, un carpetazo a Prometeo.

No debíamos sentirnos culpables de nada.

La redención es letra muerta.

No habría ofensa más grande para ellas que comparar su milenario oficio con la gestión de un asesino. Eso había que comprobarlo, y para obtener una prueba irrefutable era necesario provocarlas. ¿Qué mejor ejemplo que aquel episodio de Crimen y Castigo en el que Raskolnikov visita a Sonia y le lee un pasaje de la Biblia, buscando el perdón de los pecados para el asesino y la prostituta que eran ambos?

- ¿Cree usted que sea posible la salvación para estos dos réprobos?

La pregunta me salió al camino en tanto subía las escaleras del edificio. Las señoritas trabajaban todas en el mismo piso, ocupando todos los departamentos. De a una les fui leyendo el pasaje del libro y las interrogué sobre su salvación.

La primera me insultó y me cerró la puerta en mis narices. La otra calló de rodillas llorando. Otra me pidió un cigarrillo y se rió de mí.

No pregunté más. La cosa estaba clara. Bajé las escaleras convencido que era así y no de otra forma. Era un cesante más. Dos pisos más abajo un caballero muy elegante esperaba de pie frente a una puerta con una placa de bronce. Buffet decía. El rostro del tipo semejaba al de un soldadito de plomo. Mejillas pálidas y un lunar. Con el ademán de Humphrey Bogart. Cagliostro se titulaba el libro que llevaba en la mano.

- Busco trabajo – le dije -. ¿Sabe usted...?

- Venga – me dijo -. Acompáñeme.

La puerta se abrió y caminamos por un pasillo pequeño. El tipo me condujo a una sala donde se encontraba su supuesto colega, un individuo que nos saludó en silencio después de quitarse su sombrero de copa. Ahí vi que era calvo y que había estado jugando con unos dados que lanzaba sobre su mesa. Hizo a un lado los dados y apuró el trago que tenía en la mano. Con el tipo elegante se dijeron algo en francés. Luego me miró y me dijo:

- ¿De verdad viene a buscar trabajo?

- Sí, pero no... – turbado, no supe terminar la frase.

Abrió un cajón. Sacó un martillo y lo puso encima de una hoja en blanco que tenía en la mesa.

- Sólo tenemos este puesto vacante – dijo -. Destruir para crear.

- Acepto – respondí-.

Las instrucciones fueron precisas.

- Desande el día de hoy y recoja todas las muertes con sus respectivos disfraces. Haga un túmulo con todo lo que junte y cuando haya regresado al alba préndale fuego. Debe enterrar las cenizas en un lugar seguro. La luz matinal dará por terminado su trabajo.

Salí de esa oficina y subí al piso de aquellas niñas que había visitado. Cogí las burlas de una, el llanto de esa otra y los insultos de aquella. Fui al restaurant a rescatar el espinazo y las fauces roídas de tiburón del tarro de la basura. En la oficina descuarticé el esqueleto de mi amada Ludmila y me llevé en un bulto todas las muertes de las que había hecho acopio.

Desanduve el camino y no sólo eso, sino que también deshice el tiempo y llegué de regreso a casa en la madrugada que volvía a transcurrir. Aguardé en silencio. Comenzó a amanecer. En el patio formé una hoguera con las máscaras diurnas de la muerte. El espectro – reloj nunca volvió. Medité en un idioma extinto y me vi alzando los brazos que salían del vientre de mi túnica.


QUILAPAN

Coca cola y la hoja de coca

Coca cola y la hoja de coca

Gregorio J. Pérez Almeida
Bolpress, La Paz – 10/01/2006

(Aporrea).- Evo Morales ha dicho muchas cosas que queríamos escuchar hace más de quinientos años por la boca de un presidente boliviano. Ha dicho también cosas que se escucharon con sordina por siglos en América Latina y ha dicho cosas que revelan, por fin y ante el mundo, una de las causas de la obstinada presencia yanki en territorio andino y especialmente boliviano: el control de la Coca a través de su empresa Coca Cola.

Con su parsimonia ancestral, Evo reclamó ante la prensa internacional el trato especial que le dan los gobiernos andinos a la comercialización de la hoja de coca que "compra" la Coca-Cola Internacional, empresa emblemática no sólo del Imperialismo yanki, sino de algo más profundo y eficaz en la dominación cultural que ejerce sobre gran parte del mundo: el "modo de vida estadounidense"(¿Verdad que no hay mejor combinación que una hamburguesa o un "hot dog" con todo y una Coca Cola bien fría?). Dijo Evo que el comercio de dicha hoja está ilegalizado entre los países andinos pero no para la empresa gringa, es decir que entre los ciudadanos y las empresas andinas no se puede comercializar libremente la hoja de coca, pero la Coca Cola sí puede comprar la cantidad que quiera en cualquier país andino que la produzca.

Primera interrogante: ¿Coca Cola utiliza la hoja de coca en su fabricación?

Más allá del dato frío y de la conclusión inmediata que se deriva de su primer análisis, podemos adelantar algunas otras hipótesis que nos llevan a dibujar otro esquema en la comprensión de la drogadicción y el narcotráfico internacional. Con tan sólo introducir en el esquema vigente el dato que estaba oculto y que nos reveló Evo Morales se abren nuevas interrogantes, surgen nuevas sospechas y cobran mayor relevancia algunos hechos pasados por "debajo de la mesa" de los especialistas internacionales en narcotráfico.

Primer interrogante: ¿En verdad se utiliza hoja de coca en la fabricación de la Coca Cola? Esta no es una pregunta retórica o desinformada sino que constituye un punto de inflexión obligatoria en el estudio del caso, porque en el año 2002 la misma empresa negó el uso de la hoja de coca en la fabricación del producto, tal como comprobamos al leer el artículo de Luís A. Gómez publicado en www.Rebelión.org, el 27 de noviembre de ese año. En el leemos:

"Hace unos días, el Viceministro de Defensa Social de Bolivia, Ernesto Justiniano, informó que su oficina había autorizado la exportación de 350 mil libras (aproximadamente 150 toneladas) de hoja de coca a Estados Unidos "para la fabricación de la gaseosa Coca-Cola"[.] El hecho fue negado por una vocera de la empresa estadounidense, consultada por el diario mexicano El Universal el martes pasado: Karyn Dest, vocera de Coca Cola, dijo vía telefónica desde Atlanta que la empresa no utiliza cocaína y que nunca ha sido parte de los ingredientes de la bebida" (Esta respuesta fue repetida en diciembre de 2002 por la representante de la trasnacional en México, Adriana Valladares).

Sorprendente esta respuesta que acaba con un mito moderno: la Coca Cola no contiene coca y mucho menos cocaína, pero. ¿Quién habló de "cocaína" en la Coca Cola? Nadie. Era una creencia, un mito ¿o un gancho publicitario? Pero de lo que sí se habló fue de las hojas de coca que compra por montones la trasnacional y la vocera lo evadió ¿o fue un Lapsus linguae? Buena vocera. ¿Interesante verdad? Pero más interesante se hace el asunto cuando seguimos leyendo en el artículo de Gómez y encontramos que:

"También se ha hecho público que el trabajo de Albo Export, una empresa propiedad del boliviano Fernando Alborta, ha exportado coca desde Perú y Bolivia los últimos años, y que entre 1997 y 1999 envió a Estados Unidos un equivalente a 340 toneladas de hoja. Estas operaciones de compra y procesamiento son severamente vigiladas en Bolivia por la Dirección General de Control y Fiscalización de la Hoja de Coca (Digeco) y en Estados Unidos, claro que sí, por la DEA, que incluso provee los almacenes con sofisticados sistemas de alarma y los cofres especiales para guardar en New Yersey el curioso tesoro natural."

Pero esto no es todo en las contradicciones entre los expendedores "naturales" y sus "mejores clientes", porque en el año 2004, el zar antidrogas de Perú, Nils Ericsson, en un escrito publicado el 26 de enero, afirmó que: "La Coca Cola, la mundialmente conocida fábrica de bebidas gaseosas, compra al Perú 115 toneladas de hoja de coca al año y a Bolivia 105 toneladas con las cuales produce, sin alcaloides, 500 millones de botellas de gaseosas al día" (Luís Gómez, The Narco Bulletin, 28 de enero de 2005, en www.narconews.com), lo que hace pensar al articulista Gómez que la presión por erradicar la coca en Perú (y completamos nosotros: en todos los países andinos productores) es una estrategia para asegurar a Coca Cola el monopolio de la hoja de coca, no sólo con la intención de controlar ese mercado sino también para monopolizar el mercado de refrescos que utilizan hoja de coca ¿sin alcaloides? cuya fabricación está floreciente en Perú bajo las marcas Vortex Coca Energy y K-Drink.

Luego de leer todos los argumentos que rodean nuestra primera interrogante, una posible respuesta es la siguiente: Si la Coca Cola Internacional es la primera empresa multinacional (monopólica) en la comercialización de la hoja de coca, materia prima esencial de la Cocaína, para lo que se ha valido de su estatus legal privilegiado en los países andinos, y sus voceros se niegan a reconocer la utilización de hoja de coca en la fabricación de la bebida, entonces esta empresa debe ser el primer sospechoso en la investigación de las redes mundiales del narcotráfico porque ¿Qué hacen con todas esas toneladas de hojas de coca que compran anualmente?

Más allá o más acá de las preguntas y respuestas, que pueden multiplicarse por cien, vayamos por un instante a la realidad inmediata: tomemos en nuestra mano una botella de Coca Cola de 600 ml hecha en Venezuela y leamos lo que está escrito en la etiqueta luego de la identificación de la empresa productora:

"INGREDIENTES: AGUA CARBONATADA, AZÚCAR, CARAMELO, ÁCIDO FOSFÓRICO, EXTRACTOS VEGETALES Y CAFEÍNA"

¿Encuentra usted, amigo lector, alguna información que nos advierta la utilización de algún derivado de la hoja de coca? Cuando mucho nos pueden querer convencer con la enigmática expresión "EXTRACTOS VEGETALES", pero ¿de cuáles vegetales se trata y qué se les "extrae" a esos vegetales?, porque si se trata de la hoja de coca que contiene varios alcaloides, ¿cuáles desechan y cuáles dejan en la gaseosa? Y si la empresa reconociera que utiliza la hoja de coca y dice que elimina todos los alcaloides ¿qué sustancia queda? La verdad es que en vista de la contradicción evidente entre la acción de la empresa que compra toneladas de hoja de coca en Bolivia, en Colombia y Perú y el empeño de sus voceros en negar la utilización de hoja de coca en la fabricación de la bebida, lo menos que podemos hacer es demandarla por oferta engañosa. ¿Será posible que los ciudadanos de los países andinos donde se vende la Coca Cola, introduzcan una demanda (los especialistas dirían en cuál organismo y a qué nivel) por la vía de los intereses difusos? Fracasada o exitosa sería esta una experiencia extraordinaria de pedagogía política y de integración popular.

Segunda interrogante: si Coca Cola no usa la hoja de coca en su fabricación ¿Qué hace con todas las toneladas de hoja de coca que compra?

Otras interrogantes han estado en nuestra mente desde hace muchos años como misterios que nadie se ha atrevido a desentrañar porque están "protegidos" por normas internacionales de industria y comercio, pero hoy, gracias a los "cocaleros" andinos como Evo Morales y a investigadores como Luís Gómez, ya sabemos que la gaseosa más vendida en el mundo contiene en su fórmula algún derivado de la hoja de coca y si la empresa no lo reconoce entonces debe explicarle al mundo qué hace con tanta hoja de coca en sus depósitos de Atlanta. Algunas de esas otras interrogantes son:

¿Qué derivado, o derivados, de la hoja de coca es el que utilizan para elaborar la base de la Coca Cola y qué relación tiene (n) con la Cocaína

¿Ese derivado genera adicción en los consumidores o crea en ellos las condiciones fisiológicas para propiciar algún tipo de adicción? Y si la hoja de coca diluida en la Coca Cola no genera adicción, entonces ¿por qué tanta alharaca (léase represión, persecución y muerte) con su cultivo, procesamiento y comercialización en los países andinos?

Fuente: bolpress.com

Publicado en Aymar Qhawiri el 11/01/2006 por Cesi