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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2006. Cholo No Soy.![]() (En: El proyecto de pais cholo mestizo). Gonzalo Valderrama 09/10/2006 02:57 Autor: Pablo Leon Paula. ;?> Hay 1 comentario. Viajera![]() para Karina Montalvo, este poema escrito detente viajera hospédate desempaca ya deja de buscar deja en paz a mis amigos caminando sobre trapecios NORMAN MENDOZA LA MULTIPLICIDAD DE LO INDIVISIBLE![]() Juan Zamudio
El libro-homenaje, Lima o el largo camino de la desesperación, al poeta Carlos Oliva (Lima, 1960 - 1994), fue editado en la ciudad sureña de Arequipa, espacio que está articulándose o haciéndose a una modernidad periférica -modernidad entendida como un organismo que segrega sus beneficios a la periferia de un modo diferido y reciclado-, por ser el centro (países desarrollados) desde donde se digita dicho proceso funcional a sí mismo. El centro hace de dicho proceso diferido en la periferia, es decir, la modernidad que llega a Arequipa a finales del 90 es similar y no simultanea a la de Lima de inicios del 90, y es por ello que este libro-homenaje es simbólico y refleja una sensibilidad urbana en lo discursivo. De algún modo el discurso urbano en la literatura arequipeña tiene una ausencia y la modernidad va por las calles y permanece en los ojos, en las actitudes, de los sujetos que conviven con ella. Arequipa es una ciudad que tuvo acercamientos ambiguos a lo urbano en lo literario en los 80, al ritmo de los grupos literarios "Ómnibus" (Oswaldo Chanove, Alonso Ruiz Rosas, Misael Ramos), "La gran flauta" (José Gabriel Valdivia, Leandro Medina...) y demás grupos que eran fervientemente sociales; ya en los 90 se pasa a un lenguaje metapoético, estrategia que se despliega al negociar la identidad en la página, siendo Carlos Tapia, poeta y músico, quien tuvo una manera de abordar los cambios que en modernidad pasaba Arequipa, ciudad conservadora en sí -en múltiples sentidos-, en su primer libro de poemas Música para afeitarse. A finales del 90, la identidad deja de ser un anclaje, estática, para ser móvil, negociada, en lo público y privado, es decir, las identidades son cambiantes; haciendo uso o parafraseando al narrador Ribeyro, quien dice que el yo es una especie de gaveta con múltiples cajones, y cada persona que se hace fraterna a uno tiene la llave de un cajón de dicha gaveta, dejando los demás compartimentos de uno inaccesibles al otro. Y el leer a Oliva fue abrir un cajón de la gaveta que no había sido visto bajo las luces de neón, a través de una antología de la literatura peruana (II tomos) que armó Ricardo Gonzáles Vigil, siendo Oliva antologado en la generación del 90, y surgió la inquietud de hallar el poemario póstumo, editado el 95, en un viaje a Lima el verano del 2003, libro que hallé, en copias, por medio de un amigo de San Marcos. Posteriormente la idea de reeditar el poemario de Oliva surge, porque el 2004 se cumplían 10 años de su desaparición y entré en contacto con sus compañeros de ruta por la vía del internet, y también me comunique con su familia en otro viaje a Lima, el verano del 2005. La edición fue lenta y se fue ampliando con un prólogo del poeta y ensayista Paolo de Lima y prosigue con el poemario que Oliva dejó armado, y se pasa a la sección "otros poemas", que se abre con una crónica del poeta Róger Santiváñez, que congrega poemas que se publicaron en revistas y fanzines limeños póstumamente, y prosigue con el colofón del poeta y narrador Miguel Ildefonso. La identidad, por consiguiente, pasa a ser una habitación de la que se entra o se sale, para pasar a otra, dentro de las múltiples que se puede asumir o practicar en relación al otro o con uno mismo, en equilibrio o al borde del mismo; esto último representa la portada del libro-homenaje a Oliva: Lima, la ciudad, lo publico está afuera, zona en la que no sólo se negocia o asume una identidad en comunicación o comunión con el otro, sino, también, se reduce a un monólogo interno al hacerse de la lógica un arte al caminar por las calles. El libro-homenaje desarrolla, también, una perspectiva social, ya que el quiebre de la utopía social se dio a finales del 80, dicha utopía es la búsqueda del espacio para desarrollar el equilibrio de los sentidos con música de fondo, y ésta hubiese cubierto como neblina la ciudad de neón dejándola en transparencia, la memoria del tiempo se convierte en acto y hubiese silenciado los bocinazos, para pasar a crear el fuego de los sueños sin culpa en la conciencia. El tiempo es sed o ansiedad de salir del desierto de la palabra y habitar bajo el sol de la belleza. La utopía que se trasluce en la poesía del ángel caído, Carlos Oliva, es búsqueda de ese espacio; la desesperanza se filtra oscureciendo la poesía de Oliva, al saber que no es posible de rozar o ver (la utopía) y por ello atraviesa raudo la calle, en la madrugada, en medio de los apagones. Lima o el largo camino… sigue un rasgo (de la tradición poética peruana), de manera acentuada, del poemario En los extramuros del mundo -coloquialidad que es plena en los 70, siendo este texto representativo- de Enrique Verástegui: "vamos paseando por Tacora / entre prostitutas y ladrones" ("Primer encuentro con Lezama"), intertextualidad que se refleja en las siguientes líneas: "mientras cruzo por colmena entre prostitutas y homosexuales / que no pueden tirarse un lance conmigo / porque ya me he tirado un lance con la soledad" ("Lima II"). Tacora y Colmena son espacios marginales en los que la violencia, sea esta delicuencial o el comercio sexual, hacen que el yo poético de los Extramuros… busqué un diálogo con Lezama, y asirse de compañía en la ficción; y en Lima o el largo camino de la desesperación el yo poético se desliza una vez más a la soledad y hacer de lo uno, múltiple. Lo externo no es equivalente a una posible comunicación, sino, al fortalecimiento de la ansiedad de búsqueda; búsqueda de "algo nuevo" ("Lima II"). En la poesía de Oliva se conjuncionan la lógica matemática -por haber estudiado Matemática Pura en la Universidad Nacional de San Marcos hasta finales del 80-, su experiencia personal, en un paradero ficticio -paradero que es impreciso por el quiebre de la utopía social a finales del 80-, para echarse luego a rutas inmensas en espiral, que giran hacia adentro y afuera, al ritmo de una conciencia que sabe de los límites de sí misma y de los rasgos históricos del cielo: poseída por el consumo y sobre un primaveral bienestar en urbanizaciones enrejadas; mientras las mujeres no escuchan, sólo ven TV, hasta en sueños. Conciencia que no capta, todavía, el estremecimiento de la piel utópica y su posterior derrumbe en un punto dentro de una sucesión de puntos, en los manuales de historia. No lo capta. Y cuando lo hace, el yo poético es y no es Oliva, porque es plena anarquía de la ciudadanía, desorden -vistos por los otros- en ese deposito personal y ficticio que trasuntan las páginas de su libro homenaje. El personaje de su poesía prosigue hacia el oeste y este tránsito-zona le es imposible-lejano como "Europa de mis bolsillos" ("Lobo estepario") y se aleja aún más "del mundanal silencio de los retóricos" ("Caballo del crepúsculo"), zona que simboliza lo público; el personaje de la poesía de Oliva ante esta certeza regresa hacia el este (lo privado), a su hogar, a la fraternidad de sus amigos, así mismo, en pleno dolor y vuelve, finalmente, a los elementos, luego de transitar en la urbe propia y externa y ve en la superficie líquida un "pentragrama de agua" ("Sobre la muerte") que refleja la música de las esferas que Pitágoras disfrutaba, ocasionando una des-conjunción del yo poético con la aparente urbe, para saber que el otoño es su morada.
2 Poemas de Oliva: Anatema .... .. ... .. .. .. .. . .. ... .. . .. A Richi Evangelista Malaventurado el que lee y escucha
.. ..... .. .. .. .. .... . .. . .. ...A Miguel Ildefonso Prosigo así, materia de sueño,
* Arequipa, 1980. Estudia Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Editor de Lima o el largo camino de la desesperación (Grita Ediciones: Arequipa, 2006), libro-homenaje al poeta limeño Carlos Oliva. CUENTOS PRESENTADOS PARA EL CONCURSO DE RELATO BREVE EN HUARAZ![]() Relato breve 2006
La veo ahí, sentada en una silla final, deshojando esa flor (o lo que queda de ella). Llegó un poco tarde al examen final del curso que lleva conmigo en la universidad —justo tras de mí. Sus manos cogieron, temblonas, los pétalos que fueron cayendo una a una en lapsos cada vez más prolongados. Quizá nunca le regalaron una, así que decidió regalársela a sí misma; pero al reflexionar sobre lo ilógico del gesto y de lo absurdo y desfachatado que resultaba aquello, le quedó solo deshacer esa mentira, y lógicamente romper, pétalo a pétalo, la flor. Tal vez no fue entregada por la persona esperada. La recibió porque el momento y el lugar no le permitieron realizar un desplante. O la cogió sin pensarlo, en abstracción, por un simple error. Luego, cayendo en cuenta sobre el absurdo de aceptarla de una persona que no existía en su mundo o que apenas conocía, se deshacía, apenada, de ella. O la recibió de la persona amada —que parece más evidente—; aquella que le causara algún daño, y que después intentara apaciguar el hecho y disculparse, empezando con esa flor. La recibió porque esas palabras sonaban cargadas de convicción y sinceridad. Pero luego que sopesando las palabras y la flor con el daño causado cayera en cuenta de que no merecía el perdón, empezó a destruir y destruirse con la flor; aunque se desgarrara de a poquito el amor que cultivaran para caerse hoy en pedacitos, produciendo las lágrimas que no se decidían a salir libremente por la circunstancia (y las personas que la rodeaban) o porque no quería mostrar todo su dolor. Por eso el acto en el aula, parsimonioso y doloroso a los ojos de quien pudiera observarlo: las lágrimas eran los pétalos de flor. O no supo cómo lo hizo, pero estuvo deshojándola hasta el final. Cayó en el hecho cuando ya era demasiado tarde. La reacción la hizo sentirse más triste. Pues ya estaba nuevamente sola, como desde siempre. Y sin poder compartir, con alguien, su pena. La hubiera podido consolar si las reglas lo permitieran fácilmente, no quise romper los protocolos sociales. Es hermosa como el mediodía. Andina y sonriente. No la había visto así jamás. Di la orden de entrega sabiendo que ni siquiera había cogido el examen. Supo que yo la observaba; se marchó en silencio. Vi la flor regada en el piso; recogí sus pedazos. Quise recomponerla; lo intenté: decir que lucharía, que solo esperara. Pero algunos actos: el vivir a escondidas, el transgredir los contratos sociales, el tener un hijo en la clandestinidad o romper un matrimonio; entre otras cosas, eran ahora con lo que debía luchar.
Lo pisé inevitablemente. La conocí esa enamoradiza tarde; sentados sobre la arena, contemplamos el mar atestado de lanchas, mientras nuestros cuerpos se buscaban y conocían en silencio entre la rojiza penumbra naciente. La siguiente noche partí, prometí volver en cuanto publicara mi siguiente poemario. Te lo dedicaré, lo presentaré aquí, en Huarmey, y luego nos casaremos, musité endulzándola. Ella bajó la cabeza tristemente. Y tú, Anita, habías venido con ella; nunca te separaste de nosotros. Al amanecer, el frío me despertó, el costeño cielo grisáceo fue reemplazado por el azul andino de Huarás y en mi corazón sentí un gran vacío; desde entonces, ya nada era igual; todo transcurría entre la vehemencia y el vértigo más enfermizos. Seis meses después cumplí con mi promesa. Ah, si supieras cuánto sufrí. Llegué a casa de Kawide, huérfano y desorientado. He venido porque ya sabes lo que pisé y tienes que ayudarme, musité desfalleciente. ¿Sabes?, me guié por la insignia de colegio que ella me regaló justo antes de irme. Para que siempre te acuerdes de mí y de tus promesas; me susurró luego del último beso, mientras ambos tratábamos de acallar las inevitables lágrimas del adiós. Tú también estabas allí, ¿lo recuerdas? Ayudado por Kawide, llegué al colegio. Esperé la hora del recreo; mientras bullía en mí una incesante tormenta de imágenes añoradas; su rostro encendido, sus ojos negros, su delgada cintura, su frágil cuerpo adolescente, confundidos con un sentimiento de angustia que me envolvía hasta hacerme rondar por las lindes de la locura más amada. Inesperadamente, sonó el timbre, y entre el tropel de muchachitas alborotadas y sonrientes, logré reconocerla inmediatamente; ella se adelantó al verme, su delicado cuerpecito se estrujó otra vez más entre mis brazos ante, la mirada atónita de sus compañeritas. Esa vez, también estuviste junto a ella, mirándonos con cierta envidia. Te lo confieso, esa noche salimos a pasear por la plaza, abrazado a ella, pisé una y otra vez aquel gras. Para que se cumpla la tradición, le susurraba mientras sonreía enamorada; recorrimos las penumbrosas calles, la playa serena ya dormida; esa noche lo recordamos todo, y hasta algo más. Solo que en esa ocasión, ya no nos acompañaste. Al amanecer, éramos inseparables. Desayuné en su casa, conocí a su familia, esa tarde fueron a la presentación. Este poemario está dedicado a mi hijita Deidi por su novio huarasino, gritaba tu tío, emocionado. Esos días fueron inolvidables, hasta ahora siento lo que viví con ella; para entonces decidiste abandonarnos. Bueno, durmamos ya, Anita querida, mañana es nuestro tercer aniversario y ya sabes cómo se comporta Santiago al ver a sus abuelos, seguro que también vendrá tu prima Deidi, aunque todavía no te haya perdonado que le hayas quitado el novio. Ahora sé que si pisas el gras de Huarmey te quedarás allí para siempre, y que corazón huarasino se parece al cielo serrano.
Sus padres solo le dijeron que volverían en una semana, ya habían pasado dos meses y aún seguía esperando, en aquel montículo de piedras que los viajeros de tanto viajar habían acumulado, dizque para la buena suerte a la salida y entrada del pueblo, mientras que su abuelo, un tipo déspota, cometía abusos contra él. Un día su madre se le apareció en sueños y le dijo que buscara un huevo de gallo para protegerse del diablo, Sebastián se despertó sobresaltado y se dirigió al gallinero, grande fue su sorpresa cuando confirmó que efectivamente el gallo había puesto un huevo el cual era pequeño y oscuro, se lo llevó a un curandero y este le aconsejo que lo empollara en sus axilas por siete horas para luego sacar un anillo de oro que le protegería del maligno. Al día siguiente, a la medianoche el supay se apareció con intención de llevarse el alma del muchacho, según el pacto de sangre que hizo su abuelo, que condenó al pobre niño para salvarse de los infiernos, ya que en su juventud fue un pishtaco, pero Sebastián siendo muy astuto huyó en un burro hacia una cueva llamada pishtaq machey perseguido por su abuelo y el diablo que montaban una mula, que de acuerdo a las tradiciones, tienen siete pensamientos a la vez, solo para hacer maldades y muy cerca de un abismo los botó, dando tiempo al muchacho par llegar a su destino, una vez en la cueva se le apareció el espíritu de sus padres que le confesaron que fueron victimas de su malvado abuelo y que la única manera de librarse de la maldición era enterrar el anillo rezando un padre nuestro. Así lo hizo y cuando estaba a punto de ser alcanzado de nuevo por el diablo, logró enterrar el anillo mientras que el supay huía dando gritos y llevándose el alma de su abuelo. Sebastián nunca más volvió a ver a sus padres pero la esperanza renació en su corazón cuando vió salir el sol, iluminando su rostro y prodigando calor al hermoso pueblo de Chacaragra, hogar de sus padres.
Vocabulario:
A esas horas ya los rayos del sol iban calentando la mañana. Y en una de esas, como en un sueño, escuché – tegtegtegtegtereg –. Era la gallina negra de mi mamita, que estaba empollando hace una semana. El cacareo era como si vendría del más allá, con un tono de burla y melancolía a la vez. Allí mismito no sé qué me pasó. Sentí como si empezara a hervirme la sangre. Entonces me dije en mis adentros – ¡Justina!, a mí no me quieres, pero al Mardonio sí. Corrí tras la gallina, la tomé entre mis brazos… Me percaté que nadie me viera y empecé a hacerle el amor. La gallina aleteaba con fuerza, su diminuto cuerpo se retorcía y sus ojos se nublaban (pero eso sí, carajo, no sé si era de placer o de dolor) Después de un rato, el aleteo ya era débil y moribundo, y en uno de esos, lanzó un último cacareo y expiró, yo sólo atinaba a repetir - ¡Justina!, tú no me quieres, al Mardonio, sí… ... (... continúa)17/10/2006 23:24 Autor: Pablo Leon Paula. ;?> Hay 2 comentarios. Evangelio de Agua![]() Porque no estás, ya no estaremos nunca completos. I En la hora en que el mar se transforma en espejo oscuro En que los épicos cementerios son iniciación para el brote de lo desconocido De angustiosos mausoleos El silencio se vuelve hacia las puertas de mármol Y proyecta una contemplación enloquecida Donde la tristeza esboza un luto estricto Como un rictus Los tórridos rastros de efluvios palidecen Acaso algún día añores la dispersión de una orilla siguiendo su paso Acaso esté por destilarse la afónica oscilación de tantos recuerdos Los años no son más que una madera flotando para el peor naufragio Arrasando bajo la gravedad de su lecho una corriente salvaje Cuando golpean elevadas olas llevándose lo que fue En tanto dolor Rompe el suelo Quiebra el vidrio Arranca el sepulcro Que al otro lado de la hecatombe Tu cuerpo sigue siendo lo más amado. Mira Las medusas deslumbran con cintas transparentes La esencia de una vertiente viva En su tálamo bordado de peces Emergen Las cautivadoras palpitaciones de amaneceres que culminan Bebe las gotas de este sueño incandescente con sed infinita Toma las estructuras salinas de la semejanza Toma la apariencia de las mareas que te afirman Allá lejos, Sobre ti Sobre mí Sobre las grietas del miedo Sobre charcos, Sobre ríos y lagos Navegaremos hacia la viciada longitud de los océanos. II Entre lágrimas el mundo líquido y su forma
EL TRAJE VERDE![]()
A ratos recuesta sus piernas sobre las mías Ella me muerde la pierna A ratos se recuesta toda Ella me muerde el pecho Ella me muerde la bragueta TANKA ¿La verdad?, no le veo gracia Me gustó Tanka. Sigue escribiendo Cogí el libro y me encuentro con Tanka y Madurez y dije ¡no!, Julito ya me malogró el día Lo mismo le dije Una vez yo escribí algo parecido y hablaba de una enciclopedia: lo tuyo es mejor Yo también creo que Tanka es deforme; pero me gusta Madurez Uno MADUREZ He madurado, LOS ÁNGELES Los ángeles no tienen alas 18 El país por que sueño y desespero DILOGÍA Agitó la glandulosa cabeza y volvió H UBO DE D ES CEN DER H A CIA UN L U GA R M ÁS E ST RE C H O Y VA CI A R SE C OPIOS A ME NTE CO N LA INT E N CIÓN D E Q UE ATE N DIER AS A LO Q UE H A BÍ A E S CRI T O sobre el fondo blanco (?). [LA MORALEJA DEL CUENTO ES] Voy a perder la cabeza por tu amor La moraleja del cuento es JULIO ARMANDO PAREDES VÁSQUEZ Tarapoto, 1987. Estudia Idiomas en la universidad pública de San Martín. Estudia Periodismo en la universidad privada Inca Garcilaso de la Vega. Miembro del centro cultural Selva Rimay. Caricaturista del diario La Voz de Ica entre los años 2000 y 2002, del diario La Opinión en 2002 y del diario Voces desde 2005. Publicó cuento y poesía en el colectivo Rimary. Autor invitado al cuarto festival internacional de poesía en Cajamarca “El Patio Azul”. 23/10/2006 04:36 Autor: Pablo Leon Paula. ;?> Hay 1 comentario. CARDUMENSEIS - Los vacíos que sustentan nuestra incertidumbre![]() Ricardo Musse Carrasco. |
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