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MACHISMO EN EL PERU

20081030234332-machismomata.jpgPresentado en la Conferencia Regional " La equidad de género en America Latina y el Caribe:
Desafíos desde las identidades masculinas "
Santiago de Chile, 8-10 de junio de 1998

Norma Fuller, Ph.D
Universidad Católica del Perú

En este ensayo intento revisaré algunas características del machismo latinoamericano (1) y la validez de este concepto para entender las representaciones sobre masculinidad vigentes en el Perú urbano. Para ello retomaré algunas características de los sistemas de género mediterráneos que guardan similitudes con el caso latinoamericano: la doble moral sexual, la importancia del control de la sexualidad femenina, de la virginidad y de la maternidad en contraste con el énfasis en la virilidad, la fuerza y el desinterés respecto a los asuntos domésticos que caracterizarían a los varones. Mi interés es mostrar que lejos de ser una forma irracional y arbitraria de imposición masculina, el llamado machismo corresponde a una forma particular de organizar las relaciones entre los géneros en sociedades donde existen marcadas diferencias étnicas y raciales. Seguidamente revisaré el discurso académico y de sentido común sobre el machismo a fin de precisar hasta qué punto éste último corresponde a la particular versión de lo masculino en estas sociedades o forma parte de los discursos que producen y cuestionan el sistema de género latinoamericano.

La doble moral sexual y el control de la sexualidad femenina

A pesar de sus variaciones, las relaciones entre los géneros en las sociedades mediterráneas tradicionales tienen por lo menos una constante: lo femenino y lo masculino son concebidos como opuestos. Los hombres actúan en virtud de su relación con el mundo exterior a la familia y la comunidad, mientras que las mujeres reciben su poder del mundo interior, es decir, del interior de la casa e incluso de sus cuerpos. Esta organización social se expresa en una división moral por la cual la fortaleza en los varones y la vergüenza sexual en las mujeres son las cualidades morales de mayor importancia. Ello deriva en distintas formas de la conducta para cada género: La falta de castidad en las mujeres pone en peligro el honor de la familia atesorado por los antepasados, mientras que en el caso de los hombres destruye el honor de otras familias (Pitt Rivers; 1979: 121). Los hombres se consideran responsables del comportamiento de sus mujeres, porque en él estriba la esencia de su honor moral y el honor moral es la esencia del honor porque está en conexión con lo sagrado. A eso se debe que los hombres reclamen autoridad sobre sus esposas, hijas y hermanas, y les exijan cualidades morales que no esperan de sí mismos: al fin y al cabo, ellos no pueden darse el lujo de tener una conciencia moral demasiado fina o, si no, no podrán cumplir con sus obligaciones para con su familia en la lucha por la subsistencia. (2) Más aún, existe un conflicto de valores implícito entre el orgullo masculino que se expresa en la galantería y conquista hacia el sexo femenino y el que radica en la fidelidad a los deberes del hombre de familia (Pitt Rivers; 1979: p.56). Existe un tipo de hombría que se expresa en la " responsabilidad " del jefe de familia que respeta a su esposa y un tipo de hombría correspondiente a sus cualidades viriles.

Esta división de esferas se funda en una concepción del honor propia de las culturas del círculo mediterráneo. El honor, según Pitt Rivers, es el valor de una persona para sí misma, pero también para la sociedad. Es su opinión sobre su propio valor, pero también es el reclamo de que su excelencia sea reconocida por la sociedad, su derecho al orgullo (Pitt Rivers 1979:18). Existen dos tipos de honor. El honor posición y el honor virtud. En el primer caso corresponde al nacimiento, al origen y los antecedentes familiares. El honor virtud, en cambio, es aquel asociado a la excelencia personal o a las hazañas realizadas por el sujeto. La posición social se hereda primordialmente del padre cuyo primer apellido patrilineal hereda el hijo y transmitirá a sus descendientes. Así pues en ese aspecto, como derecho a la prioridad, el honor deriva predominantemente del padre, mientras que en su aspecto de virtud (conducta, manera de ser) deriva predominantemente de la madre, depositaria última del honor moral de la familia. (Pitt Rivers, 1979: p.57). La masculinidad depende más de cualidades sociales como el éxito, la riqueza, el poder. Es menos dependiente de cualidades biológicas o intrínsecas a la persona. Por ello es más susceptible de ser negada socialmente y necesita del reconocimiento del otro. Por ello la virilidad puede ser cuestionada y los varones están bajo la sospecha de pavonearse o fingir sus hazañas. En ese sentido los conceptos reputación, amor propio y vergüenza son centrales para entender la dinámica de las relaciones entre varones en este tipo de sociedades.

La identidad masculina pasa por etapas marcadamente diferentes según el momento del ciclo vital en que se encuentra en sujeto. Por ejemplo, en un estudio hecho entre un grupo de pastores griegos, Peristiany encuentra que durante la juventud el varón kallikari se identifica con el héroe guerrero con vigor físico y coraje afirmativo, dispuesto a morir, si es necesario, por el honor de la familia. Pasado este período el varón asume el papel de cabeza de familia y se vuelve más prudente. Honor y conveniencia deben contrapesarse de modo que no pongan en peligro la reputación, y eso no es siempre fácil. Solamente al alcanzar la edad de retiro, cuando su reputación está definitivamente establecida, entra el hombre en el período de su vida en que está libre de la tensión competitiva (Peristiany 1992: pp. 134-135) y puede convertirse en el hombre sabio de ciertas comunidades griegas que reúne las cualidades que el hombre joven o el padre de familia no pueden encarnar debido a las exigencias de sus roles públicos (Peristiany;

1992: p.317).

La descripción de los atributos del joven Kallikari y los diferentes ritos de iniciación que atraviesa para confirmar su masculinidad son similares al período adolescente de las sociedades latinoamericanas en las que el varón debe probar que es sexualmente activo, y fuerte delante del grupo de pares. En un estudio sobre le machismo mexicano durante la década de los sesenta De Hoyos y De Hoyos (1966), intentan explicar como se reproduce esta ideología. Según afirman, en la sociedad mexicana el matrimonio aporta poco al varón porque la mujer no tiene mayor prestigio social; las tareas domésticas no son valoradas y el varón debe evitar participar en ellas. Por ello los niños crecen con muy poco contacto con la figura paterna (De Hoyos y De Hoyos 1966: 103). Quien cumple con el rol de socializar a los varones en los valores masculinos es el grupo de pares. Es lo que De Hoyos y de Hoyos llaman Sistema Amigo. El machismo, en tanto valor cultural, es transmitido al joven mexicano por su sistema amigo a través de cierto número de rites de passage. Este enfatiza la independencia, la impulsividad, y la fuerza física, como la manera " natural " de resolver desacuerdos, la dureza como la mejor manera de relacionarse con mujeres y la fuerza como el modo de relacionarse con el débil o con subordinados.

El análisis de Hoyos y De Hoyos da cuenta de ciertos rasgos de la identidad de género masculina en algunas sociedades latinoamericanas: la hipervaloración del período juvenil y el bajo énfasis en la figura paterna y la hostilidad entre el mundo doméstico y el masculino. Su similitud con el período viril en las sociedades mediterráneas sugiere que las características atribuidas al macho latinoamericano pueden ser entendidas como los rasgos propios de un momento en la vida del varón en sociedades patriarcales que dividen netamente las esferas femenina y masculina. Sin embargo, como muestran los estudios hechos en las sociedades mediterráneas, al período juvenil, suceden otros en los que el varón se define como responsable y más tarde como sabio. Sería necesario investigar la identidad masculina de los varones latinoamericanos en su período adulto para comprenderla en sus diferentes dimensiones.

De acuerdo a Peristiany en las sociedades mediterráneas la masculinidad está contenida en dos códigos morales paralelos, uno estático y otro dinámico y contextual. El primero se considera impersonal y reposa en una escala de valores constante: honestidad, responsabilidad, compromiso con la comunidad y sabiduría. En el plano temporal es el equivalente del orden divino. La función de esta categoría estática es proporcionar una medida ultima por medio de la cual se puede evaluar la conducta. La segunda categoría contiene abundantes modelos relativos: el guerrero, el joven viril, el sagaz comerciante, el respetado padre, etc., cada uno con su propio orden, estando las categorías adaptadas a distintas contingencias sociales como son la edad, el sexo, la posición social etc., y a las distintas etapas de la vida. Los modelos relativos tienen en cuenta el pragmatismo y la justificación de la conducta presente mientras que el trascendente representa la estabilidad (Peristiany;1968: p. 170 171). Peristiany concluye que los valores deben ser entendidos contextual e históricamente. No se puede aplicar una única medida para medir el comportamiento de las personas, estas actúan con códigos diferentes según estén moviéndose en el ámbito familiar, comunal, nacional. etc.

En resumen, los aportes más relevantes de los estudios sobre el área mediterránea son el intento de explicar como se organizan las relaciones entre los géneros en sociedades donde los varones como grupo afirman su poder frente a otros grupos a través del control de la sexualidad de las mujeres de su círculo. Su análisis del código moral como expresión simbólica de esta dinámica de relaciones y su énfasis en la ambigüedad inherente a una identidad que se m... (... continúa)

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30/10/2008 22:43 Autor: Pablo Leon Paula. ;?> No hay comentarios. Comentar.



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